Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 17/09/03

 

Chillida

manos humanas



Cuando estudiaba en València la carrera de medicina tomé, a veces, algunas arriesgadas decisiones. Una de ellas fue que cuando me tocó estudiar traumatología decidí presentarme al examen sin saber un mu de un tema concreto. Sabia que si este tema salía en el examen yo entregaría el examen en blanco y sin firmar porque prefería en mi expediente un no presentada a un cero. Afortunadamente el tema no salió y pude pasar sin pena ni gloria por una asignatura que nunca fue de mi preferencia. El tema que me dejé sin estudiar porque comprendí que era muy superior a mis limitadas fuerzas intelectuales era el de “Cirugía reparadora de la mano”. Desde entonces cuando oigo la habitual afirmación que los traumatólogos son los más brutos de los médicos les pregunto a mis interlocutores si ellos entendieron alguna vez algo de la cirugía reparadora de la mano y que quien se ocupa de la parte más complicada —al menos macroscópicamente— de nuestra anatomía no puede ser ningún torpe. Como a nadie le gusta darme la razón —no sé porqué— me responden que mire los resultados de las operaciones y que lo que le ocurre a Paul Newman en la película “The Hustler” (El buscavidas) en la que interpreta a Fast Eddie Felson, un jugador de billar al que les destrozan una mano y que se recupera hasta volver a ser un campeón, solo ocurre en las películas. El argumento de mis contrincantes dialécticos puede ser valido respecto a que tal vez sobrevalore los traumatólogos, pero confirma la delicadeza y la complejidad de la anatomía y la fisiología de la mano. La mano es un instrumento que está compuesta por 29 huesos, y un número igual de articulaciones principales. Las piezas óseas están unidas mediante 123 ligamentos y son accionadas por 35 músculos poderosos, cuya actividad aparece controlada por 48 nervios conocidos. Toda la estructura se halla irrigada por una treintena de arterias y una cantidad similar de vasos menores.


No bastarían todas las hojas de este periódico para enumerar las funciones que puede hacer una mano desde abofetear a acariciar, desde escribir a labrar. Los paleontólogos dicen que la gran virtud de las extremidades anteriores del hombre es que no sirven para nada en concreto —no están especializadas— y por eso se pueden adaptar a cualquier función. Dicen, también. que el homo sapiens ha llegado a ser lo que es gracias a las manos. Una mano que se distingue de los demás primates en que puede oponer el dedo pulgar a todos los demás dedos. Hay algunos que incluso se atreven a decir que no es la cara el espejo del alma sino las manos. Espero que no sea cierta esta teoría porque entonces no tendré mas remedio que creerme que mi estupidez es todavía más profunda de la que ya acepto resignado.


Todo este párrafo sobre la importancia de las manos ha querido ser una introducción a una de las exposiciones más interesantes que ustedes pueden contemplar en estos días en Palma. Se trata de una selección de dibujos y esculturas de Chillida que tienen como denominador común estar dedicados a la mano. No piensen ustedes que se trata de una pequeña muestra, bien al contrario. Y es que la mano ha sido un tema central casi toda la obra de Chillida. Hay algunos críticos que incluso se han aventurado a decir que hay que quitar el casi: que si bien se mira todas las obras de Chillida pueden ser leídas teniendo la mano como objeto de referencia. En la obra se pueden ver manos dibujadas de forma clásica, manos como si fueran paisajes, manos con un delicioso esquematismo y todas ellas producen sentimientos fraternales. Yo les pido que no dejen de visitar la exposición y para que lo hagan sin cansarse les diré que la exposición está en el segundo Piso. Si lo recuerdan no les pasará como a mi que me recorrí todo el primer piso sin encontrarla. La causa de este descuido —no indicar que está en el segundo piso— de la amable gente que trabaja en el Museo Español de Arte Moderno de la Fundación March en la calle San Miguel es que quizá pretendan convertir la visita de exposiciones en una actividad cardiosaludable.

Al salir un amigo que me acompaño y yo canturreamos las canciones que recordábamos dedicadas a las manos, no nos atrevimos —no tenemos ya edad— con la de Adamo, pero si con la de Raimon y sobretodo con la del Gilbert Becaud: “ mes mains dessinent dans le soir la forme d’un espoir que ressemble ton corps”. Si la recuerdan, bien, si no, mejor: es que son jóvenes todavía.