Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 1/12/03

 

Joan Bennassar

¿un pintor mediterráneo?




Por muchas vueltas que le he dado —la verdad es que tampoco han sido demasiadas—. nunca he podido entender la famosa y repetida frase de Eugenio D’Ors que dice que “Todo lo que no es tradición es plagio”. Tampoco sé muy bien lo que realmente significa esto de ser mediterráneo, un termino del que creo que actualmente se abusa hasta la saciedad. Hombre, si a mi me lo plantearan al revés, estaría de acuerdo en que el señor Aznar no es precisamente mediterráneo. Pero ya me dirán ustedes que tienen en común el señor Juan March Ordinas, con el señor Joan Miró, o el señor Zaplana con el señor Carod Rovira. Todos ellos mediteráneos Por eso cuando en el título he puesto mediterráneo al referirme a la obra —a la pintura en este caso— que el conocido pintor pollencí presenta en la magnifica sala de Can Janer de Inca lo he puesto entre interrogantes. Lo que entiendo mejor son las cuestiones relacionado con la inteligencia y yo les puedo asegurar que Joan Bennasar es un hombre inteligente y que no confunde como tantos otros la modernidad con hacer el burro y el ignorante y lo que sí sé, también, que en nuestro siglo no se puede pintar como si fuéramos Adán y Eva, que hay que estar ciegos para no ver cómo ha evolucionado la pintura desde los primitivos hasta hoy. Joan Bennassar no está en babia y por tanto no renuncia a nada de lo que ha aportado ninguna de la civilizaciones que se han desarrollado en este mar que si tuvo una virtud distinta a los otros mares fue que, por sus dimensiones facilitaba la comunicación. Joan Bennasar, listo como es, es un acérrimo partidario de inspirarse en todos los aciertos que los pintores que nos han precedido han conseguido. Seria absurdo quererlos ahora enumerarlos todos pero a mi en esta exposición me gustaron mucho estas caras de hombres que parecen de estirpe clásica —romana o griega— y que están cargadas de dignidad. Una dignidad que les proviene no de la fuerza de sus brazos, sino de poseer una lógica —un logos— que les incita a fijarse y a intentar conocer las entrañas secretas del mundo que los rodea. Son figuras cuyos perfiles reposan en un fondo en el que el autor emplea diversas técnicas — collage, acuarela, acrílico, disolventes— que tienen como objeto realzar la figura humana sobre un fondo cargado de magia. Otro conjunto de cuadros están dedicados al tema clásico del pintor y su modelo y en ellos Bennassar demuestra además de su buena mano alguna de sus reflexiones sobe su oficio —sobre las relaciones del arte con la realidad— y, claro està su erotismo mediterráneo. Me ha escapado sin querer otra vez esto de mediterráneo, pero yo no tengo ninguna prueba de que en el Mediterráneo haya más erotismo que en otro lugar. Lo que sí tengo muchas pruebas y muchas es que el erotismo que sentimos la generación de Joan Bennassar estuvo muy reprimido, incluso, ¡que ya es el colmo! en el pensamiento. Quizá estos cuadros sobre el autor y su modelo no sean más que una pequeña venganza de dicha represión. ¿Que recuerdan a Picasso? Es evidente, pero esto más que un defecto es una gran virtud Otra colección de cuadros están cercanos a la realidad geográfica de Joan Bennassar: a los marineros del puerto de Pollença. No sabia yo que todavía quedaran marineros en “el port”. Son marineros que en principio te remiten a Zuloaga, pero que en realidad no tienen que ver con Zuloaga, porque los colores son del Mediterráneo —esta vez sí— y no los del Cantábrico. Son marineros que trabajan con cuerda con la mirada perdida y que tienen, ellos y las cuerdas, una disposición que recuerda los cuadros de Dubouffet. Como los lectores saben, Joan Bennassar combina la escultura con la pintura. Por eso algunos han dicho que sus cuadros pecan de un cierto estatismo: que hay poco movimiento en sus figuras. Si alguno de estos hipercríticos va a visitar la exposición en la magnifica sala de Can Janer de Inca que se fije con un cuadro que hay en el fondo a mano derecha en la que hay unos marineros sacando redes y que me contesten si hay, o no, movimiento.

Si no lo tienen que divulgar les contestaré un secreto: en tres años que Joan Bennassar que juega al golf ha pasado de tener un handicap 28 a tener un handicap 14. Les aseguro que esto es dificilísimo y quizá para consolarme tiendo a pensar que debe tener algún negro. No un negro que pinta por el —eso seria imposible— sino que juega al golf con su nombre.