Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 29/12/03

 
Josep Maria Sirvent

Los ancestros de la cultura


Quien visite la exposición que ahora hay en la Lonja saldrá con su alma purificada. Será una purificación producida por diversos reencuentros. El primero de ellos con la piedra. Este fue probablemente el primer material que los primitivos pobladores de la isla aprendieron a trabajar hace ahora cuatro o cinco mil años. La piedra les permitió cazar, moldear huesos, hacer estiletes, abrir frutos secos... La piedra fue, igualmente, un instrumento defensivo de los baleares en tiempos lejanos. Tanto Diodoro como Estrabón hablan de la prodigiosa habilidad que los habitantes de estas islas tenían para lanzar piedras contra el enemigo con ondas cortas, que les hacían mas precisos, como con ondas largas que les permitían alcanzar mayores distancias. Era tanta la fuerza con que lanzaban las piedras que, si hemos de creer a los historiadores romanos, les permitía incluso derribar muros. Pero antes de la llegada de los romanos los baleares habían demostrado sus dotes arquitectónicas utilizando piedras de enormes tamaños para construir esas edificaciones para dar culto a los muertos o para defenderse de los enemigos que llamamos talaiots. Cuando ves las piedras de granito que Sirvent —este es el escultor que expone en la Lonja— ha utilizado sientes algo ancestral y profundo. Probablemente mayor sentimiento debe tener él, ya que en su tierra natal, el enclave de Llivia, en la Cerdanya, el granito es una piedra que se da en abundancia. Ahora este granito de la Cerdanya y gracias al saber y a la recia sensibilidad de Sirvent ocupa algunos espacios privilegiados de nuestro territorio y de nuestra ciudad.

Pero el granito no está solo sino en dialogo con el hierro que a veces lo enmarca, o lo sostiene o encarcela. No quiero cansarles con este segundo elemento tan ligado tambien desde hace muchos años a nuestra historia. Los pueblos que lo descubrieron sometieron a aquellos que se contentaban con el bronce a la hora de hacer sus armas o sus utensilios. Podría en cualquier momento de la historia medirse el nivel técnico de una sociedad por su capacidad de manipular y tratar el hierro, un material que presenta una enorme resistencia en frío pero maleable en su punto de fusión que si no recuerdo mal de mi bachiller esta cerca de los 1300 grados. La técnica que posee Sirvent para manejar el hierro es realmente sorprendente. Si quisiéramos buscar las raíces para explicar esta aparente facilidad las podríamos encontrar en su tierra natal, porque fue cerca de los Pirineos donde se establecieron los primeros martinetes que golpeaban sobre el hierro aprovechando la fuerza que tenia el agua que bajaba de la montaña. Si mi memoria no me falla cuando iba a Andorra en busca de una radio —se lo juro—que pudiera oírse bajo el agua y evitara el aburrimiento irremediable que la natación que me habían recomendado me producía, pasaba por un pueblo que se llamaba y debe llamarse todavia Martinet . No se imaginen que la tecnología que usa Sirvent es medieval, ni nada parecido. Los elementos que maneja son muy antiguos, pero la forma que les da exige una moderna tecnología en la que un elemento esencial es el ordenador, como si fueran las obras de un arquitecto

Cada una de las obras de Sirvent sobrecoge nuestro espíritu y nos hace meditar sobre aspectos esenciales de nuestra cultura y de nuestra condición de homo sapiens o de homo habilis. Pero el conjunto resulta todavia más emocionante. La culpa o la causa de esta emoción no sé si se debe al propio Sirvent o a la comisaria Cristina Ros o a la luz —es el tercer reencuentro— que invade la Lonja Yo debo decirles que para mi gusto personal las esculturas lucen más en un jardín y a ser posible — que me perdonen los ecologistas— rodeadas de césped y de silencio. No tenemos en Palma, ¡ay! un jardín para hacer exposiciones de escultura, pero si un magnifico sustituto que es la Lonja, de la cual, gracias al austero e inteligente montaje, he redescubierto —insisto— su elemento esencial: su luz. Una luz tanta veces injustamente tapadas por paneles y que ahora luce con toda su intensidad. Vayan a ver la exposición de Sirvent, imagínense que las palmeras que sostienen el edificio son de verdad, que el suelo es verde y huele a hierba y si no consiguen ver la exposición con el respetuoso silencio que merece mediten a que autoridad tendrian que escribir. Hay algunos que ya ha agotado el tintero.