Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 28/03/04

 

Mariano Mayol

la ciudad y el campo


Casi todas las ciudades tienen como origen el miedo. El miedo del hombre a otros hombres que generalmente han sido sus mayores depredadores. Por eso fue casi siempre peligroso vivir aislado en el campo y los hombres tendieron a agruparse. Uno de los mejores abrigos contra las inclemencias del enemigo fue estar cerca del poder y es por esto que casi todas las ciudades tienen los edificios que simbolizan el poder —el palacio real, el obispado, la capitanía general el ayuntamiento— en el centro y los habitantes mas adinerados procuraban hacerse su casa cerca de estos centros. Los que tenían menos dineros aprovechaban algún espacio vacío para establecerse o se situaban en zonas más alejadas del centro. Palma no es y no fue nunca una excepción de esta regla casi general.

Lo que también es obvio es que primero nacieron y se formaron la ciudades y después se elaboraron los planos. Es como las lenguas primero fue el lenguaje oral y luego vinieron las gramáticas y los diccionarios. Durante mucho tiempo se creyó que el primer plano que se elaboró de la ciudad e Palma fue el que en 1644 levantó el padre Antoni Garau, geógrafo y matemático. Luego se encontraría otro anterior en el archivo de Simancas. Es, sin embargo, el plano de Garau el que sirve de material original para los cuadros que muestra ahora Mariano Mayol en la Galería Altair de la calle San Jaime. Mariano Mayol no es en absoluto un desconocido. Desde que realizó su primera exposición en la galería Ferran Cano en 1987 hasta ahora los seguidores de su obra han tenido ocasión de satisfacer su curiosidad en múltiples exposiciones individuales hechas en Palma, Pollença, Zaragoza, Valencia, Madrid, Helsingborg, Munich etc. Ha obtenido becas y ha ganado premios alguno tan importante como el Ciudad de Palma Ahora con la ayuda del plano de Antoni Garau y con una técnica que no reconozco —el secreto técnico vuelve la pintura más seductora— Mayol muestra su ciudad a veces totalmente, en otras parcialmente y, a veces, es solo un esqueje y nos invita a reflexionar sobre la lógica que preside el trazado, si es que esta lógica existe. Esto lo han subrayado algunos críticos que se han ocupado con acierto de su obra. En dichos cuadros aparece como una casa refugio que quizá represente esta ansia que tenemos los primates más inteligentes de tener un hogar para resguarecernos de las inclemencias del tiempo y de los desaguisados sociales. Todo esto, insisto, se ha dicho. Lo que he visto menos interpretado son los fondos que ocupan el resto del cuadro. El resto que no llena el plano o los retales del plano de Antonio Garau. Estos fondos están como parcelados y algunos parecen eriales. Son fondos técnicamente muy logrados con pintura muy liquida —ya saben que muchos pintores modernos pintan con el cuadro horizontal al suelo— pero que consigue lo que se propone: captar nuestro interés. Estoy casi seguro que la intención del pintor será otra, pero en mi lectura no he podido olvidar mis recuerdos infantiles. Para mi, cuando hacia el bachiller; la ciudad acababa en Can Blau. A partir de allí y hasta llegar a Son Ferriol era campo. Huertos cuidados con más o menos esmero: los payeses solian llevar buena cuenta del trabajo diligente o no de sus competidores Yo lo observaba en autobús , en bicicleta o en el último año en moto que favorece, se lo aseguro, mucho más que la bicicleta, la actitud contemplativa. Y entonces los ojos se posaban en la tierra cultivada, con almendros, higueras, prados de alfalfa, coles, lechugas y habas que se convertían en el más seguro signo de que la primavera había llegado. Habia vacas, gallinas e incluso alguna yegua paciendo en el crepúsculo. Es un mundo que ha desaparecido totalmente. Hoy son solares, almacenes de maquinaria, cementerios de coches o de maquinas agrícolas, talleres de mármol, tierras yermas y baldías que esperan el cemento que mas tarde a más temprano las enterrará para siempre. Allí vivirán los nuevos palmesanos. O los viejos que huirán de la desagradable proximidad de los bares que cierran a deshora. No quiero ponerme ni nostálgico, ni sentimental, pero la verdad en que nuestro antepasados no estuvieron muy acertados en la planificación del primer ensanche de Palma y ahora que viviremos irremisiblemente el segundo no creo que la sensibilidad haya mejorado. Las gallinas que había, deben estar encerradas y hacinadas en grandes naves y los que vayan a vivir allí se encontraran con plazas duras que son las que menos mantenimiento necesitan. Esta conversión no será espontanea sino perfectamente planificada para obtener un rendimiento óptimo para empresarios que guardan su sensibilidad en cajas fuertes y para políticos sin escrúpulos. Mayol llora esta tierra yerma y requemada, por esta perdida de los arboles, de los caballos y del silencio. Sus cuadros hieren.