Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 24/10/01

 
Antoni Capó

Con “swing”



La discusión se centró sobre algo elemental. A ver si les “arengades” de bota eran en realidad arenques, este pez de latitudes septentrionales, o era la sardina prensada. Creo recordar que yo defendía la primera opción, pero no estoy muy seguro. De lo que si estoy seguro es de que los tres amigos que desayunamos “pa amb oli” i “arengades” y que convinimos en que a nuestra edad estas cosas tan básicas deberíamos tenerlas claras. Los tres amigos que nos habíamos reunido éramos Camilo Regueira, Antoni Capó y este humilde servidor de ustedes. La mesa estaba dispuesta para que cuando levantáramos la vista viéramos un fascinante paisaje de la tierras que va desde un el montículo cercano al hospital Joan March, donde tiene el estudio y la casa Antoni Capó, hasta el mar plateado y placido de la bahía de Palma. Ni la presencia de las cenizas de Son Reus calmaba nuestra complacencia con los centenares de algarrobos y olivos que todavía poblaban este mágico territorio que los políticos nos ha jurado preservar. Yo les dije que prefería el olivo porque estos arboles nos ofrecen un producto que al añadirlo convierte en una autentica golosina cualquier alimento —el pan, el cocido, la sopa de ajo— que sin el serian bastante desabridos. Me dio vergüenza decirlo ante mis amigos pero pense que el arte es algo así como un aceite: un elemento que da sabor y dignidad a los objetos y sentimientos cotidianos.


No existe una buena conversación de amigos si no hay indulgencia para que afloren los recuerdos de la infancia. Antoni Capó nos contó que la suya había sido especialmente dura y difícil. Pero fueron esta hostilidad social y el afán de superarla las razones que le llevaron al arte y a la posibilidad de conectar con lo mejor de la vida. El arte és como el aceite. Estudió Bellas Artes en Barcelona. No encontró allá muy buenos maestros, pero el poseía armas poderosas para superar estos inconvenientes: un férrea voluntad de trabajo, una excelente capacidad de autocrítica y un espíritu que podríamos calificar de “noucentista”. No se si me entienden, quiero decir un espíritu que se complace en la obra bien hecha y en la creencia que hay que dominar el oficio para que el mensaje que se quiere transmitir no quede distorsionado. Un ofició y un saber que una vez conseguido e permite enseñar tu obra con el orgullo y la tranquilidad de saber de que no hay errores. Es lo que hicimos aquella mañana, después de las “arengades”, el vino y la conversación. Las esculturas de Antoni Capó vivían entre el airecillo otoñal, que había limpiado el cielo, y un azul purísimo servia de fondo a los nuevos objetos que la mano y la voluntad de Antoni Capó había decidido incorporar a este mundo. Unas preciosas esculturas que, pronto, se trasladarían a una prestigiosa galería de Palma.


¿Cuáles son las la virtudes que posee Antoni Capó y que le permiten crear estos objetos que enriquecen nuestro mundo? Yo creo que dos básicamente. Ser un dibujante excepcional que le posibilita plasmar con sobre un papel aquello que sus ojos han visto o que su imaginación ha concebido. Esta imágenes sobre papel serán la guía segura que le conducirá a modelar la materia: el hierro corten, el barro, la piedra. Una materia resistente pero que cede ante el impulso, la fuerza y el oficio de Antonio Capó.


Dominar la materia, tener oficio, ser pulcro y cuidadoso no basta, sin embargo, para convertirse en un buen escultor. Para llegar a ser creador hay que elegir bien los adversarios a los que te vas a enfrentar, y yo creo que Antonio Capó los ha sabido seleccionar con inteligencia, a sus enemigos. Estos no son otros, a mi parecer, que la gravedad y la inercia. Dos contrarios —créanme— duros de roer. Pero Antonio ha encontrado el antídoto adecuado. Contra la gravedad ha emprendido el proceso de eliminar todo la superfluo, de quitar cualquier peso muerto a sus esculturas: no sobra nada, no hay lastre, en las obras de Antoni Capó. Se puede comprobar fácilmente. Para luchar contra la inercia —contra la estática— Capó ha buscado esa cosa que tiene la materia orgánica —la de los seres vivos— y que se llama el ritmo. Es la forma como se expresa el alma. Es lo que en inglés se llama el “swing”. Alguien, simple, podrá pensar que “swing” es únicamente la facilidad que tiene determinados cuerpos para moverse. Pero el “swing” es también la capacidad intelectual y sentimental que permite que nuestras ideas y sentimientos cambien y evolucionen. Si no saben exactamente que es el “swing” observen jugar a Tiger Woods, o bailar Fred Astaire, escuchen la música de Cole Porter o de Gershwin, o miren un cuadro de Matisse. Si no les queda claro observen como se despereza un gato o recuerden —ahora que ya se han ido— como vuela una golondrina. Si todavía les queda dudas visiten la exposición de Antonio Capó en el jardín de la Fundación Mattias Kühn. Las dubitaciones desaparecerán.