Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 1/8/02

 
Brunet

Un “foraviler” de la pintura


Antològica

Casal Solleric

Juliol - setembre 2002


Cuando, en alguna ocasión, voy al hipódromo de Manacor no puedo retenerme y comento, a veces con entusiasmo, la belleza de algún caballo, porque tiene las orejas pequeñas, los ollares anchos, la piel tersa y dorada. Lo hago menos de lo que desearía porque mis amigos de Manacor me miran como si fuera un iluso o , incluso, un cursi, que se empeña en hablar de cosas sin la más mínima importancia. Para ellos las únicas condiciones que debe tener un caballo son la velocidad y la resistencia. Y ganar dinero para el propietario La belleza apenas tiene ningún interés. Quizá alguno de ustedes pensará que mi anteriores palabras sobre el poca aprecio que mis amigos de Manacor tiene por la belleza equina tienen como finalidad justificar lo mucho que tardó Miguel Brunet en verse reconocido en su pueblo como lo que es: uno de los pintores más interesantes de la Mallorca del siglo que hace poco hemos abandonado. Pero yo no hecho referencia a la falta de “”sentido estético” de los de Manacor para justificar lo mucho que tardó Brunet en ser reconocido, sino porque me atrevería a decir que ha sido esta misma poca apetencia por la belleza decorativa la que ha salvado a Brunet de ser un pintor intranscendente. Brunet, que mostró, desde pequeño un enorme talento por el dibujo supo huir de la estética superficial y persiguió una cosa mucho mas importante que la belleza: ofrecer una visión autentica de como era su tierra, su calle, sus objetos, sus animales: el terruño que nunca ha querido abandonar. Hay otra condición que ha hecho de Brunet el gran artista que es: su cojera. Porque esta cojera es la que la impedido correr —como hacían otros— en busca de paisajes y motivos edulcorados, pero lejanos de su hogar. No encontraran ustedes en la pintura de Brunet, ni marinas, ni puestas de Sol, ni gaviotas, ni gitanos, ni olivos milenarios, ni plazas de París, ni primaveras esplendorosas. Lo que encontraran será una descripción personalísima de el pedazo de tierra que el conoce, del Manacor de calles desoladas, de casas puramente funcionales, de los viejos de café, de los frutos de la tierra, —un manzana, un caqui, una flor polvorienta— y de esta tierra del Llevant de Mallorca, dura, áspera, seca, que a veces parece pegada sobre el lienzo. Una tierra que sólo tocarla produce callos en las manos, un paisaje, que únicamente saben apreciar los que en Mallorca llamamos “foravilers”. Y Brunet lo ha sido —lo dijo Damià Huguet— un pintor “foraviler”, o, mejor, un “foraviler” de la pintura. Brunet es de aquellos pintores que ha renunciado a la extensión en favor de la intensidad, para describir con obstinación lo que ven cada día sus ojos. Los ojos de una persona que pensaba que había suficiente faena en su huerto, para renunciar a irse de excursión a jardines ajenos. ¿Quién no recuerda a Morandi cuando se estudia la obra y la vida de Brunet? ¿Quién no recuerda esta obstinación en el fracaso que mantuvieron pintores como Cezanne o Van Gogh?

¿Ha sido, Brunet, un pintor es izquierdas, contra el sistema, contra el Régimen?. Yo no diría eso. Lo que sí ha sido es un pintor al que no le ha gustado —ni siquiera preocupado— las modas ni los criterios comerciales. Que ha sabido mantener una independencia de capillitas y de cenáculos, aunque nunca ha renunciado una cena con amigos y charlas sobre la pintura. Pero Brunet no ha sido mas fiel que a su tierra y a su manera de interpretarla Y a pesar de todo e incluso en contra de lo que afirma el propio pintor el éxito tardío, pero llegó en todos las aspectos. Brunet expuso en los mejores en las mejores galerías de Palma e incluso hubo muchas personas de Manacor de aquellos a los que la “belleza” les importa un bledo que persiguieron la obra de Brunet. Lo hicieron porque se dieron cuenta que nadie había sabido interpretar su tierra —árida, seca y, a veces, desolada— como el pintor que tiene su estudio pegado al hipódromo. Un “foraviler” de la pintura.

Cuando el éxito hubo llegado Brunet dio entrada a su pintura a los seres que gozan. Seres humanos y animales, fundamentalmente ovejas y caballos. Los caballos, ya se sabe, es la segunda pasión de Brunet –tuvo uno que le llamó Botticeli. Son escenas donde los seres humanos de ambos sexos desnudos y los caballos intercambian continuamente sus papeles. Donde la mujeres montan a los hombres, donde los hombres se enamoran de los a caballos, donde los caballos parecen ángeles con un par de cojones. Es la alegría que muestran los “foravilers” cuando han recogida una buena cosecha y cree que es la hora de ir de juerga, a gozar de la vitalidad y el sexo sin discriminaciones.

Brunet se ha quejado de que no ha sido reconocido. Que quizá no tenga todas las medallas que merecía. Es posible, pero, a cambio, Brunet ha tenido la suerte de encontrar muy buenos escritores que ha sabido valorar su obra. Y eso es mucho mas importante que una medalla de oro. Entre ellos destacan los textos de Josep Melià, siempre lúcido, de Damià Huguet que tiene la profundidad y la sensibilidad de la piel, y el apasionado, documentado inteligente comentario que Cristina Ros ha escrito en el catalogo de esta antológica que ustedes deben visitar sin falta en el Casal Solleric. De Palma.