Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 16/05/02

 
Anthony Caro

La lucha contra la monumentalidad


Galería Altair

Mayo - Junio 202


El chistecito es bien conocido. Se intenta definir la escultura diciendo que es aquello con lo que uno tropieza en un museo cuando retrocede buscando la distancia adecuada para contemplar una pintura. La gracia, que tiene un poco mala leche, refleja un estado propio de la segunda mitad del siglo XX cuando se cuestionó que sentido tenia la escultura si no era servir como monumento y cúales eran la relaciones que debían establecerse entre a pintura, la arquitectura y la escultura. Si un escultor se ha significado por haber investigado en este sentido es Sir Anthony Caro, unos de los más conocidos, sino el que más, de escultores contemporáneos. Un escultor que, ya lo saben ustedes, tiene obra publica en nuestra ciudad —los Palma Steps cerca de los pinos del Baluart de Sant Pere— y que ahora expone en el nuevo espacio que ha estrenado la Galería Altair y que se encuentra en la misma calle Sant Jaume. Todo un acontecimiento.

Anthony Caro nació el 1924 New Malden, Surrey, Inglaterra. Cuando tuvo dieciocho años entró en el Chist College de Cambrige con el objetivo de estudiar ingeniería. Tres años más tarde, en 1944, se alistó en el servicio aéreo de la Royal Navy. Cuando se acabó la segunda Guerra Mundial se matriculó en la Escuela de Bellas artes de Londres donde permaneció hasta 1953. Entre 1953 y 1955 Anthony Caro trabajó como ayudante de Henry Moore. Fue entonces un momento muy decisivo para Caro que insatisfecho con la línea de Henry Moore decidió, en 1960, marcharse a América donde conocería tres personas que resultaron fundamentales para su trayectoria artista. La primera de estas personas fue Kenneth Noland, que exploraba los limites de lo que hasta entonces se había definido como pintura. La segunda persona fue David Smith, un conocido expresionista abstracto cuyas esculturas representaban todo lo contrario de las suaves y maternales formas de Henry Moore. El tercer personaje fue el conocido crítico Clement Greenberg, gran profeta de arte moderno americano y por el que Anthony Caro mostró siempre un gran agradecimiento. Caro dijo que Clement era capaz tanto de encontrar y enseñar los errores que había en un cuadro de Rembrant, como de señalar los hallazgos y el camino que en su opinión debía seguir el que parecía el mas anodino y perdido de los pintores modernos. Un gran ojo, el de Clement, según Caro.

Los tres individuos citados señalaron los caminos a Anthony Caro que empezó la experimentación y expresó su propósito diciendo que “todo lo que deseo es dar vitalidad a ala forma. No intento romper con el pasado, pero la escultura para seguir siendo vital debe ser inventada y reinventada continuamente. Tomo elementos anodinos y busco la manera de darles coherencia en una unidad escultórica. Como si fuera un músico, quisiera que mi escultura fuese la expresión de un sentimiento escondido en la materia”.

Los nuevos caminos de la escultura y las relaciones que esta podía tener con la pintura y la arquitectura fueron explorados por Caro mediante diversas estrategias. Una de ellas consistió en convertir cuadros clásicos — de Matisse, Mantegna, Van Gogh etc. —en esculturas, la otra en desarrollar el carácter horizontal de las esculturas frente al predominantemente vertical de los monumentos. La tercera acudir a diversos materiales —la arcilla, el papel, el hierro, el acero— y ensamblarlos para que juntos adquirieran un nuevo significado. Caro, en su búsqueda, pintó las esculturas con colores uniformes y sin intención decorativa y quitó las peanas a las a fin de mostrar claramente que una escultura no era un símbolo de nada sino un nuevo objeto que venia a integrarse al espacio y a establecer relaciones espaciales y poéticas con los otros seres de este mundo.

El viaje que Antony Caro hizo a América resultó crucial para la trayectoria del escultor. A partir de entonces el escultor inglés que ha alcanzado un éxito portentoso y tiene una biografía llena de honores. En 1959 ganó el premio de escultura de la Bienal de París. En 1964 hizo la primera exposición en Nueva York y, en 1975, su primera retrospectiva en el Metropolitan Museum de la ciudad de los rascacielos. En 1979 recibió el doctorado honoris causa por las universidades de East Anglia, Norwich, York y Toronto. Poco después fue nombrado Académico de honor de la American Academy and Institute of Arts and Letters, New York. En 1985 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Cambridge y cuatro años mas tarde lo seria por la universidad de Yale. En 1992 recibió el premio Imperial del Japón a la escultura y una de sus piezas fue exhibida en la Exposición Universal de Sevilla. En1994 se montó una magna un exposición de Anthony Caro en el Museo de Arte Contemporáneo de Tokio. Una exposición cuyo comisario fue nada menos que Yasuyoshi Saito con una instalación arquitectónica de Tadao Ando. En 1996 sus esculturas sobre la guerra de Troya, hechas con una combinación de gres acero y madera, fueron expuestas en Atenas y Tesalonia. En 1996 Anthony Caro junto al arquitecto Norman Foster y el ingeniero Chris Wise, gano el concurso para el nuevo puente peatonal que atraviesa el Támesis y que une St Paul con la nueva Tate Gallery of Modern Art en Bankside. Es el que ahora se conoce como Millennium Bridge de Londres.

Si he señalado algunos de los muchos reconocimientos que ha conseguido Anthony Caro es para decir que seria ridículo que des de esta sección pusiéramos reparos a la trayectoria del ilustre escultor. Pero lo que no puedo ocultar es que a mi me hubiera gustado ver donde habría llegado Anthony Caro si en vez de luchar contra el influjo de Moore, de Giacometti, o del propio Brancusi hubiera seguido su estela. En la exposición de la galería Altair hay algunos elementos que permiten adivinarlo. Miren de reconocerlos.