Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 18/1/02

 

Desaillaments

Aislados o perifericos



PASOS FRONTERIZOS. 1991. 62 × 500 cm (5 piezas)

Pintura de Angel Pascual Rodrigo en la exposición.


Cuando de habla de islas la tentación es siempre grande. La tentación, me refiero, de tomar los modelos que ofrecen la ciencias naturales para utilizarlos en ciencias sociales y en humanidades. La ciencias naturales dicen que en las islas en donde mejor se ven las leyes del darvinismo. Gracias al aislamiento y a que muchas especies poderosas no pueden llegar a estas tierras separadas de los continentes y actuar como depredadores, las islas ofrecen espacio y oportunidades a especies que no podrían sobrevivir en otros ambientes. En las islas se conservan, igualmente, especies que habrían sido exterminadas en lugares donde hubiera mayor competencia.

Estas ideas, ya digo, han sido utilizadas para intentar entender los movimientos culturales que nacen, se reproducen y mueren en las islas. Pero yo creo que hay un error de base en este acercamiento y es que el mar que, sin duda, sirve de barrera natural para aquellas especies animales que no pueden nadar o volar no es, en cambio, una obstáculo para la llegada de los movimientos culturales. Hace mucho tiempo que el hombre inventó la navegación y el mar pueden ser barrera, pero también vía fàcil de comunicación.

Existe un modelo alternativo al de las ciencias naturales y es el que ofrece la antropología cultural que habla no ya de sociedades aisladas —esas hoy en día no existen— sino de sociedades periféricas, que es una no exactamente igual. La periferia es un concepto diferente del aislamiento. Significa que existen comunidades que viven alejados de los grupos de poder: del poder político, cultural, y económico. La situación de periferia no es un estado natural, sino una situación creada por los hombres que se disputan el acercamiento al poder.

Esta idea de que Mallorca ha vivido mucho tiempo alejadas de los centros de decisión y de los lugares donde se propiciaba la innovación cultural y que, en consecuencia, el progreso cultural ha tenido que realizarse sin ningún tipo de respaldo ni ayuda institucional la conoce muy bien Guillem Frontera, el comisario —maldito nombre— de la exposición titulada “Desaïllaments”. Una exposición de pintura de las Illes Balears que a partir de este jueves cuelga de las paredes del Centre Cultural Santa Mònica de Barcelona, allá al final de las ramblas.

Es, “Desaïllaments”, una exposición que quiere contar cómo el lenguaje de la pintura mallorquina adquirió, en la segunda mitad del siglo XX, sincronía con los lenguajes más avanzados de Europa y América. Frontera puntualiza que no se trata de una antología, ni de una visión panorámica. Se trata —dice— de una simple narración. Una narración que realiza una persona que, como él, ha sentido un constante interés por entender lo que pasaba en el mundo del arte en general y en el arte de las Baleares en particular.

Frontera dice que se trata de una simple narración en la que ha utilizado la obra de sus conocidos y, en muchas ocasiones, amigos. Pero Frontera sabe perfectamente que detrás de toda narración hay una interpretación del devenir de las cosas. En la suya también Intentaré resumir en pocas líneas cual es la tesis que se defiende en la exposición: tras los intentos fallidos de conexión con los lenguajes modernos que protagonizaron personajes aislados como Vives Llull i Portmany, en Menorca, Narcís Puget en Ibiza, o el Grupo Tago em Mallorca, habrá que esperar a los sesenta para que algunos pintores de la Baleares se incorporen de lleno a las propuestas renovadoras habituales en Europa y América. Fueron los ibicencos Tur Costa y de Vicenç Calvet quienes primero hablaron en el nuevo idioma que habían aprendido de algunos pintores extranjeros que llegaron a Eivisa en busca de felicidad. Después se incorporó Matías Quetglas en Menorca, y no fue hasta el año 1970 cuando germinó un generación de mallorquines que abandonaron los caminos trillados y la pintura conformista y se dejaron influir por los planteamientos renovadores de los pintores americanos que habían llegado a Mallorca, así como por la nueva pintura catalana que habían conocido cuando estudiaban en Barcelona. Es el caso de Joan Bennassar, d’Andreu Terrades, Ramon Canet o Ángel Pascual Rodrigo, para citar únicamente los nombres que están presentes en la exposición. A partir de esta segunda generación la integración al lenguaje moderno fue total. Tanto, que en los años siguientes Mallorca participó en el gran movimiento especulativo que se formó alrededor de la pintura contemporánea. Son una serie de autores que al parecer de Frontera — y mío— podrían haber nacido y trabajado en sitios bien normales: ni aislados ni periféricos. En la exposición tienen presencia Antoni Socias, Menendez Rojas, Maria Carbonero, Guillem Nadal, Rafa Forteza, Patxi Echevarria, Bernadí Roig, Matas, Horacio Sapere.

En la “narración” de Frontera se otorga papel a las galerías privadas —Ariel i Pelaires— y muy escaso protagonismo a las instituciones publicas. Y es que en cuestión de cultura la política de nuestras instituciones ha estado hasta hace bien poco orientada por los complejos, los miedos irreflexivos, la desidia, las frustaciones, el sectarismo, el provincianismo e, incluso, la pura histeria. Por lo que parece los tiempos han cambiado. La exposición de Barcelona demuestra que se está en el buen camino para pasar de ser un cultura marginada, provincializada, atrasada i neurótica a ser una cultura normal, propia de unas islas no aisladas cuyos artistas no aceptan el papel de periféricos y son poseedores una voz que —creen/creemos— merece ser escuchada con atención en mundo. Han empezado por Barcelona.