Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 09/11/01

 

Guillem Nadal y Miquel Cardell

las barcas y el rastrojo


Erms, la pell de la terra

Obres de Guillem Nadal, poemes de Miquel Cardell


Centre Cultural de la Misericòrdia

Del 23 d’Octubre al 2 de desembre



La Casa de la Misericordia fue durante centenares de años un institución central para la asistencia social, esta ayuda que la administración prestaba a los desvalidos de distinto tipo. En aquel edificio vivieron y murieron centenares de niños que nunca supieron quienes fueron sus progenitores. Hoy las estructuras sociales han cambiado. Y como han cambiado también las fuerzas políticas el edificio de la Misericordia cumple otras funciones, la mayoría de ellas de carácter cultural La capilla neoclásica de este inmenso edificio, que lindaba con el Hospital de Nit ha sido restaurada y según mi corto entender con acierto y respecto. Está impecable. Será destinada a partir de ahora a una función distinta para la que fue ideada. Aunque pensándolo bien no tan distinta, porque la capilla debió ser proyectada para la meditación y para prestar auxilio espiritual a quien lo necesitase, objetivo no muy distinto al actual. Ahora será sala de exposiciones y si las intenciones de las dos mujeres que van a marcar su orientación —Maria Antonia Vadell y Joana Maria Palou— se cumplen, el espació tendrá una función parecida a la que tenia anteriormente: dar cobijo y ocasión para que los ciudadanos mediten e intenten transcender aún que sea por unos breves minutos las múltiples y repetitivas tareas que la vida económica les impone. El arte, que parece ser uno de los sustitutos del sentimiento religioso en el mundo moderno, intentará ser —me dicen— el enzima que propiciará esta reacción de química o de alquimia espiritual.


Las responsables no quieren que la sala sea ni un museo ni una galería de arte más. Quiere mostrar obras discutibles, pero presentadas de la manera en que no puede hacerlo las galerías comerciales que tiene que subsistir y vender la obra del artista en retales. En esta sala, por el contrario, se intentará hacer montajes que no sea un mera acumulación de pedazos, sino que ofrezcan al espectador una obra integrada: una obra que únicamente adquiere su sentido cuando es contemplada en su conjunto.


La primera exposición que se han montado en la capilla de la Antigua Casa de la Misericordia ha querido ser un ejemplo de las intenciones antes descritas. Se ha elegido un artista plástico Guillem Nadal y un poeta Miquel Cardell. Quien visita la exposición podrá ver las obras de Guillem Nadal y si quiere, y previo pago de mil pesetas, tener un libro en el que se reproducen estas y otra obras de Guillem Nadal junto con los versos —los magníficos versos— que Miquel Cardell ha escrito para la ocasión.


¿Cual es el nexo de unión que hay entre los versos y la obra artística? Iba a contestar a la pregunta diciendo que se trata de rendir un homenaje a Damià Huguet, el poeta de Campos. Pero no lo digo, porque en realidad no se trata de un homenaje. Afortunadamente, porque los homenajes casi siempre resultan ampulosos y fríos. Aquí la intención es otra. Es reconocer y explicitar la fértil huella que Damià Huguet dejo en ambos artistas. Les contagió sus amores, sus temores: algo de su manera de ser. Si Damià no hubiera existido Guillem, i Miquel y yo mismo y otros muchos —quizá soy demasiado optimista— mallorquines veríamos el mundo de otra manera.


No estaría de más que quienes deseen visitar la exposición leyeran antes la poesía de Damià Huguet y se cargaran de este amor que el poeta sentía por la tierra que rodeaba a su pueblo de Campos, el amor por estos campos que parecen yermos cuando han ofrecido las mieses a los campesinos. Campos resecos, que mimetizan la piel dura y áspera de quienes los cultivan. La cartografía de estos campos de rastrojo que apenas recuerdan lo que fueron — una mar de espigas— es recordada en lo lienzos de Guillem Nadal y sirve de escenario a unas esculturas de barcas construidas con juncos entrelazados que invitan a un viaje fluvial hacia otras realidades. Son las barcas del ensueño que Guillem Nadal ha construido con pericia técnica y sentimiento profundo. Barcas con las que Damià Huguet le hubiera gustado viajar a las otras islas de su apreciado Mediterráneo. Barcas ligeras, suaves, para surcar los mares azules y plácidos, o los viejos y limosos ríos que mueren en nuestra mar. Barcas para transportar nuestras ansias mudar o cuanto menos de viajar. Unas ansias infinitas de ser otro que constituyen, ya lo saben, el meollo de toda poesía.

No quiero acabar sin pedirles que me dejen practicar esa tarea que tanto me molestaba cuando era pequeño y que ahora me produce tanto placer: copiar un texto ajeno. Se trata, naturalmente, de unos versos que Miquel Cardell ha escrito y que dicen:


  1. Damià

  2. Tomba xaloc el fum dels formiguers

  3. sobre la pell cansada de la terra.

  4. Si alces els ulls veuràs passar les barques;

  5. lentes barques d’oblit carregades de sala

  6. per un cel fluvial que confon els capvespres.

  7. Si alces els ulls veuràs passar les barques

  8. carregades de pols i calabruix

  9. per un cel de rostoll.


Vayan a la capilla la Misericordia y levanten los ojos.