Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 24/10/01

 
Adolph Gottlieb






El Museu d’Art Espanyol Contemporani, la sede que la Fundación March tiene en la palmesana calle de Sant Miquel, ofrece un muy interesante exposición de los monotipos que al final de su vida elaboró el artista americano Adolph Gottlieb. Si el visitante de la exposición quiere enterarse de lo que significó Gottlieb en el mundo del arte contemporáneo existe un libro sobre él que se puede adquirir no sé a que precio. Digo que no sé a que precio porque a mi me lo regalaron mostrando una vez mas la amabilidad que la Fundación March tiene para todos aquellos a quienes nos interesa la cultura contemporánea.


He hecho este preámbulo para justificar aquello de que “lo cortes no quita lo valiente” —”lo cortes no quita lo caliente, señora”, acostumbrábamos a decir cuando éramos jóvenes— y que con este principio pero con el temor, también, a pasar por un desagradecido, me veo en la obligación de señalar algunos errores en la confección del citado libro explicatorio. El primero es el de la disposición y enumeración del catálogo de los cuadros. ¿Por qué no seguir el orden numérico habitual? El cuatro viene después del cinco y del seis y el veintisiete viene al principio de todo. Como en el texto de Sanford Hirsch que precede la reproducción de los se hacen referencia a estos números el lector que, como el que firma, no es muy avispado se encuentra bastante perdido. Ya es suficientemente complicado esto de entender el arte moderno y los textos que acompañan para que, encima, le añadamos complicaciones aritméticas.


No son estos los únicos errores que existen en libro. En la biografía de Adolph Gottlieb se dice que sufrió un accidente cerebral y que quedó paralizado de toda la parte derecha de su cuerpo. En la fotografía que se reproduce en el pequeño folleto que acompaña la exposición se puede ver, sin embargo, a Gottlieb sentado en una silla de ruedas e intentando pintar con la mano derecha, imagen mas coherente con otras biografías que señalan que la mano derecha fue la única parte del cuerpo de Gootlieb que quedó con movilidad. Permítanme que les diga que si señalo este error no es para dejar claro que soy un desagradecido, ni siquiera para demostrar mis dotes policiacas —si yo fuera policía, este país seria Jauja para los ladrones. Si insisto en que la parte totalmente paralizada fue la izquierda y no la derecha es porqué recuerdo de mis estudios de neurología que si la mano derecha se mueve es señal de que el cerebro izquierdo ha quedado indemne. Como los expertos en neuropsicología dicen que es en el cerebro izquierdo dónde residente la parte mas intelectual y mas racional de nuestra personalidad, hay que pensar que los cuadros que pintó Gottlieb en los últimos cuatro años de su vida, desde que tuvo la apoplejía en 1970 hasta su muerte en 1974, fueron pintados con el cuerpo mayoritariamente paralizado, pero con el hemisferio de la racionalidad intacto.


Todos los cuadros que podemos ver en el Museu d’Art Espanyol Contemporani corresponden a estos años finales de la vida de Gottlieb: a los años que siguieron a su accidente cerebral. Son monotipos, es decir cuadros que se hacen pintando al óleo o con tinta sobre un plancha de zinc y luego prensado sobre un papel absorbente. Los hizo con la pocas fuerzas físicas que le quedaron, con la ayuda de los amigos, pero con las neuronas de la inteligencia intactas. Gracias a ellas pudo alcanzar en la recta final de su vida una de las metas mas ambiciosas que se había propuesto “llegar a ser pobre”, es decir, prescindir de todo lo superfluo. Así pintó los monotipos.


Culminaban estos cuadros del final de vida, una trayectoria en la que Gottlieb supo combinar la vida de grupo y de amistad —muy profunda fue lo que mantuvo con Milton Avery, Mark Rothko, John Graham— con la vida interior que descubrió en la soledad En la vida colectiva, Gottlieb redactó manifiestos en donde abogaba por un arte nuevo en América, que intentase alejarse tanto de los esquemas clásicos como de la que el creía banalidad del Popart. Afirmó que “el arte es una aventura que se adentra dentro un mundo desconocido que puede ser explorado únicamente por aquellos que quieren asumir riesgos importantes”.


Gottlieb supo, sin embargo y desde el inicio, que la vida colectiva, los manifiestos, las declaraciones de principio no eran más que el complemento o el preámbulo de su obra. Que el mundo del arte lo que quiere son cuadros y no manifiestos, y buscó sus caminos de forma solitaria. Influido por Leger, por Torres García, por Chirico consumió sucesivas etapas —la de los pictogramas, la de los paisajes imaginarios, la de las explosiones— y fue acercándose, paso a paso, a esa esencialidad a la que aspiraba fervientemente. Aprendió que el arte no debe representar emociones : debe crearlas. Con intensidad, con riesgo, con austeridad.


Los mallorquines que visiten la exposición de Gottlieb adivinaran enseguida quien fue el pintor que iluminó la ultima etapa de Gottlieb. Nuestro Joan Miró. Es una influencia o admiración que Gottlieb no negó. Yo aconsejaría al lector que mire los cuadros de la esta época final de Gootlieb sin reprocharle su devoción por Miró. Bien al contrario que sepa disfrutar de esta asimilación y que piense que más que una imitación es un expansión de Miró. Que a pesar de lo dicho adquiera el libro y que complemente la exposición con la visión del cuadro que figura en las páginas 66 y 67. Verá a que grados de lucidez, elegancia y emoción se puede llegar con una sola mano si el hemisferio izquierdo del cerebro está intacto.