Francesc Bujosa :: Entrevista en Ultima hora -  5/11/09

llengua i medicina

 

Darwin y la medicina


El martes día 3 de Noviembre dentro del programa del Any Darwin el Catedrático de la UIB y miembro de la de la Reial Acadèmia de Medicina de les Illes Balears, Francesc Bujosa pronunciará una conferencia sobre “Darwin y la medicina”. El Acto tendrá lugar en el Salón de Actos de la Reial Acadèmia de Medicina, sita en la calle Campaner. Conversamos con el profesor Bujosa.


R: Es, usted, un convencido darwinista, profesor Bujosa.

PB: I quin remei, fill meu!

R: No acabo de entenderle.

FB: Quiero decir que soy un darwinista, “malgré moi” como dicen los franceses. Me gustaría que hubiera otra explicación más esperanzada y más amable de como funciona la naturaleza, pero yo no la halló. Por lo que sabemos hasta ahora Darwin tuvo y tiene toda la razón. Todos los datos confirman su teoría. Ahora su visión de lo que es la ley natural y lo que somos nosotros no es realmente para echar las campanas al vuelo, ni dur ciris a la sang. Por culpa de Darwin sabemos que la vida no tiene demasiado sentido, que el dolor y la enfermedad son sustanciales con la vida y que son los más fuertes y los más oportunistas los que triunfan y dejan herencia.

R: Seria mejor marcharse.

FB: En absoluto. La vida es maravillosa y fascinante mientras uno tenga salud y pueda evitar el dolor. Absolutamente fascinante. Ahora hay que saber que esto se acaba y que los finales no suelen ser muy felices.

R: Es dura, entonces, la ley que preside la naturaleza.

FB: Hay un dicho propio de las ciencias jurídicas que dice “Dura lex, sed lex”. La ley es dura, pero es la ley. El dicho también se puede aplicar a la ley de la naturaleza que postuló Darwin: “Dura lex, sed lex”. Te diré, por otra parte, que la ley de la gravedad es también bastante dura. Si tropiezas te das un batacazo. No es agradable, pero es la ley. Al darwinismo le pasa igual.

R: Poco habrá contribuido, pues, Darwin a la felicidad humana.

FB: Depende de como se mire. Es verdad que después de Darwin es difícil creer que la vida tiene un fin o un objetivo y, más difícil todavía, es creer que todo ha sido programado con amor o que, después de la muerte, nos espera una vida mejor. Después de leer a Darwin es necesario abandonar muchas de las creencias a la que tenemos gran aprecio: que hay progreso, que mejoramos, que somos la culminación de la evolución.

R: ¿No mejoramos?

FB: Desde el punto de vista cultural el progreso es indiscutible, asombroso, diría yo, pero desde el punto de vista de la biología no existe progreso. Esta palabra, según Darwin, no tiene ningún sentido cuando nos referimos a la anatomía o la fisiología de los seres vivos. Todo depende del medio.

R: Poco le debemos entonces a Darwin. Quizá nuestra infelicidad.

FB: Vas totalmente equivocado. Es verdad que Darwin nos ha hecho descreer de ideas que nos eran muy queridas, gratas y esperanzadoras, pero nos ha proporcionado la idea más profunda para entender de verdad –sin falsas esperanzas como funciona la naturaleza de los seres vivos y entre ellos ¿como no? el ser humano. Podríamos decir que el darwinismo es hoy la idea más central –el paradigma– más importante de la medicina de nuestro tiempo, la que más ayuda a la comprensión de lo que es nuestro cuerpo y por tanto la que mejor guía nuestros esfuerzos terapéuticos y preventivos. Unos esfuerzos que han conseguido resultados realmente asombrosos y maravillosos. ¿Quién lo puede dudar? El darwinismo nos ha abierto los ojos: algunas veces para dejarnos desolados, pero otras para iluminarnos en la solución de gran parte de los problemas sanitarios. Yo aunque a veces lo que ves no sea lo que desearías soy partidario de tenerlos bien abiertos, los ojos. ¿Y tu?

R: Va con mi profesión. Pero dígame: es compatible la idea del darwinismo con la hipótesis de la existencia de Dios y de una vida futura.

FB: Me gustaría decirte, ante todo, que la idea de la existencia de Dios no es una hipótesis científica, sino una creencia de tipo personal y como tal hay que tomarla. La ciencia no tiene ninguna prueba de la existencia de seres sobrenaturales. Tampoco tiene necesidad de postularlos para continuar su tarea explicativa.

R: Hay algunos de sus colegas que sí creen que que es compatible la teoría darwinista con la fe cristiana.

FB: Sí y algunos de gran renombre. Yo no sólo los respecto, sino que incluso les envidio. Sinceramente. Pero, ¿qué quieres que te diga? La naturaleza o el Creador no me han otorgado la inteligencia necesaria para comprender sus malabarismos intelectuales. O burro o barra, decimos en el hipódromo. Pero, insisto, los respeto. No faltaría más. Lo que no me parece respetable es que quieran imponernos, a los que no tenemos su suerte, principios que dificulten el progreso de la medicina y nuestra lucha contra la enfermedad y el dolor: necesitamos la investigación en células madres, necesitamos la práctica selección embrionaria para luchar contra determinadas enfermedades hereditarias, los cuidados paliativos etc. Jugárselo todo a la ruleta, a la suerte, como si estuviéramos en el casino, me parece poco razonable.

R: Será, la suya una conferencia polémica, por lo que veo.

FB: Nada más lejos de mi intención. Lo que me gustaría que fuera es una conferencia ilustrativa y inteligible. Recuerde usted que soy académico y un hombre al que le gusta estar al lado de la ley y de la ortodoxia. Lo que pasa es que hoy en día la ley de la naturaleza, la ley ortodoxa que regula de la naturaleza, es la que tanto nos ha costado averiguar a los hombres. Lo hemos conseguido con enorme esfuerzo y muchas veces discrepando de los que se creyeron elegidos e iluminados. A este admirable esfuerzo de la razón Darwin contribuyó de manera muy destacada. Probablemente el que más. Tenemos una enorme deuda de gratitud con él. Las otras visiones constituyen odierno auténticas herejías científicas. Y yo no quiero ser hereje. Temo al fuego.

R: El martes nos veremos las caras.

FB: Si ens miram! Han sido necesarias miles de mutaciones para que los ojos aparecieran en los seres vivos. Los nuestros no son tan buenos como los del águila, pero hemos inventado el microscopio i el telescopio. Tenemos ventajas y hay que aprovecharlas. Hemos de ser darwinistas. Sin reparos.