Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 18/1/02

 

Hodler

la sangre y las rosas

Der Tag. 1900. 160 × 340 cm. Kunstmuseum Bern


Si me prometen no difundirlo ni llamar al director de este periódico que me acoge para que me destituya les confesaré que durante mucho tiempo yo no tenía ni la más remota idea de quien fue Ferdinand Hodler. La primera vez que oí su nombre fue en boca de Jorge Luis Borges en un entrevista en la que el argentino se mostró cruel con el periodista que cometió un error de sintaxis. El periodista le había hecho algunas preguntas sobre la relación que el escritor argentino había tenido con la ciudad de Ginebra y con Suiza en general. El periodista deseoso de pasar a otro tema le dijo “Sr. Borges, para terminar con Ginebra...” Borres se lanzó raudo y sin dejarle acabar la frase le espetó “¿y por que quiere usted acabar con Ginebra? ¡vaya idea más sanguinaria!”. Fue en este misma entrevista donde Borres recordaba los grandes hombre que Suiza había dado al mundo. Citaba a Paracelso, Klee... Y decía que cuando paseaba por Ginebra podía sentir la sombra de Calvino, Amiel, Rousseau y Hodler. Fue, ya digo, solamente entonces que me preocupé por mi ignorancia y averigüé quien era esta Hodler al que Borges citaba. Supe, tras consultar algunos libros, que había sido un pintor que había nacido en Berna el 1853 y que su vida había sido muy triste porque estuvo constantemente ligada a la muerte de sus seres queridos. Cuando Ferdinand Hodler tenia siete años su padre, ebanista de profesión, murió víctima de la tuberculosis. Su madre se casó después con un pintor decorador llamado Gottlieb Schüpbach. La madre no aguantó mucho tiempo y murió cuando Hodler tenia 14 años. Su padrastro emigró a América y Hodler entró como ayudante en el estudio del pintor de vistas suizas llamado F. Sommer. Allí aprendió algunas técnicas de su oficio siempre puestas en función de una visión edulcorada y comercial del paisaje. En 1872 Hodler se trasladó a Ginebra con la intención de copiar los paisajes alpinos de A. Cálame y F. Diday. Pero en Ginebra tuvo la suerte de conocer a Barthélemy Menn, un amigo Corot, que supo transformar aquel artesano en un artista. El método consistió en convencerle de que pintara las cosas tal como las veían otros pintores, sino como la veía él. Que pintara lo que conocía de primera mano y que se dejara las imitaciones y los espíritus de otros. No fue un desacierto el propósito de empezar a describir el mundo describiéndose a si mismo y con esta intención realizó una serie de autorretratos que ya anunciaban las enormes posibilidades que el joven pintor tenia. Hodler como muchos otros artistas de su época quiso conocer alguna sociedad distinta a la que le era habitual y por tal motivo realizó un viaje a España. Es posible que en dicho viaje Hodler tuviera proyecto de encontrar una España romántica como habían presentado los escritores, pintores y grabadores que le habían precedido, pero la realidad —eran los años 1878 y 1879— fue otro: un país pobre, deprimido, atrasado y, en buena parte, cruel. Todo bajo un sol que impedía los matices. Hodler tomó notas en sus cuadernos de esta vida española y realizó algunos retratos para subsistir. Fueron retratos hechos con firmeza y con atisbos expresionistas que probablemente no gustaron demasiado a quienes lo encargaron. Hodler aprovechó estos meses que estuvo en Madrid para visitar el Prado y conocer la obra de Velázquez y de Tiziano. Ambos le reafirmaron en su decisión de hacer un pintura naturalista sin renunciar al simbolismo. Pinto la pobreza, la miseria el decaimiento, la tristeza, la derrota, la enfermedad y la muerte. La muerte de sus amigos y de sus amores. Lo pinto en serio y sin concesiones. Quiso encontrar consuelo en el paisaje y pinto el agua y la montaña. Como si fuera un dialogo entre dos fuerzas incorruptibles dentro de un horizonte cerrado y exageradamente curvo. En la sede de la Caixa hay una magnifica exposición dedicada a Hodler. La visita no es como comerse un unfresa. Hay algunos cuadros como los que dedico a describir la agonía de Valentine Gode-Darel que dejan el alma helada En muchos de sus cuadros aparecen unas rosas que parece que se confunden manchas de sangre. Es probable que sufran al ver su pintura pero ganaran en conocimiento y podrán comprobar como el cubismo no vino sino a continuar la línea del naturalismo descarnado. Si acuden podrán juzgar, además, si Borges tenia razón al equipar a Hodler con Rousseau, Calvino, Amiel. Si Hodler añadió dignidad a la muy culta, educada y hermosa ciudad de Ginebra.