Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 6/6/02

 

Hernández Pijoan

el paisaje ordenado


Mis conocimientos filológicos son dignos de lamento y tengo la penosa impresión de que así seguirán siendo el resto de mi vida. Y de veras que lo lamento, porque si fueran un poco mejores me darían mucho juego. Como ahora mismo que me dispongo a escribir este artículo sobre la exposición de Hernández Pijoan. Si yo tuviera alguna formación filológica escribiría sobre la palabra paisaje y tengo el convencimiento de que sabría emparentarlo con país y también con payés. Como no tengo estos conocimientos tengo que pedirles a ustedes que se fíen de mi cuando les aseguro que en todo caso que la palabra paisaje es un palabra de origen urbano para designar la tierra donde viven aquellos que no viven en la ciudad: donde viven los “paysans” o los payeses. Paisaje casi siempre, o siempre, es una palabra de claro carácter valorativo positivo, utilizada por aquellos hombres a los que la vida les ha llevado lejos de campo. Digo lejos en el sentido económico. Hablo por tanto de aquellas personas que no se ganan el pan trabajando la tierra. ¿No lo creen ustedes que sea un palabra urbana? Hagan memoria y díganme si han conocido algún payés de verdad de aquellos que sudan el oficio que quede extasiado frente a un paisaje. Yo he hecho la prueba y siempre he quedado escaldado. Un día le mostré a un payes un precioso campo de amapolas que existía en la carretera de Sineu y no les quiero ofender sus oídos reproduciendo los adjetivos que me dedicó. El lo veía como una catástrofe . Yo los payeses que he conocido los he vistos admirados ante una buena cosecha o ante un animal al que han sabido engordar o ante una vaca que produce 10.000 litros anuales de leche, pero nunca delante un paisaje. La admiración por el paisaje es cosa de ciudadanos

He dicho lo anterior porque a pesar de que Hernández Pijoan haya declarado que su pintura, que casi siempre se trata de un paisaje, no es un pintura intelectual yo pienso que siempre hay un cierto intelectualismo urbano en quien admira un paisaje y más aún en quien lo pinta. Lo que quizá quería decir el catedrático catalán cuando declaró que no había intelectualismo en su pintura es que no había sofisticación ni artificio, sino una gran naturalidad y una relación muy directa con la realidad. Si fuera así yo no solo estaría de acuerdo con el pintor catalán sino que afirmaría que, a mi parecer, estas son las grandes virtudes de estos paisajes que presenta ahora Hernández Pijoan en la sala Pelaires. Unos cuadros que ofrecen una lección de orden y serenidad a quien los contemple con el alma limpia.

¿De dónde nace este orden sereno que traslucen las pinturas de Hernández Pijoan? No soy capaz de contestar con seguridad a esta importante pregunta, pero tengo una hipótesis —disculpen el academicismo lingüístico— que me gustaría exponer de manera muy breve a los amables lectores de Ultima Hora y posibles —ojalá que sí— visitantes de la exposición.

Mi hipótesis se resume diciendo que la pintura de Hernández Pijoan surge y retrata no un paisaje cualquiera sino un típico el paisaje catalán. ¿Quiero decir con ello que Hernández Pijoan es un pintor puramente localista? En absoluto. Si les tengo que decir la verdad en mi opinión Hernández Pijoan es uno de los pintores mas universales o exportable que tenemos. Lo que quiero decir cuando afirmo que Hernández Pijoan pinta el paisaje que conoce es que ha sabido captar magníficamente lo primordial del paisaje de la tierra que lo vio nacer. Este paisaje lo definió Josep Pla diciendo que un paisaje en el que era imposible ver toros bravos. Quería decir el magnífico escritor que se trataba de una tierra dividida, segmentada, de pequeños propietarios rurales, que procuraban sacarle el máximo rendimiento posible. Una tierra que habían ordenado —creo recordar que añadía Pla— los notarios y el derecho romano. Si ustedes visitan la exposición verán estos cuadros que describen no de forma figurativa estas campos, verán una manera de pintar nada efectista, pero con un superficie trabajada con el mismo rigor, cariño y seriedad con que el payés catalán trabajaba la tierra en tiempos de Pla. Verán como el artista ha sabido prescindir de toda ornamentación y ha captado este orden que algún cursi llamaría divino pero que los seguidores de Pla no podemos sino adjetivar como humano, es decir hecho y ordenado por las manos del hombre. Creo que Hernández Pijoan no solo retrata la tierra trabajada y ordenada por el payés, sino que trabaja la tela con el mismo espíritu que el campesino cultiva la tierra: con rigor y seriedad. El rigor y la serenidad no son —ya lo saben— factores contrarios a la emoción, sino uno de sus más importantes fundamentos.