Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 13/06/01

 
José Luis Pujol

el micro y el macrocosmos



No existe acuerdo entre los especialistas sobre el momento exacto en que nació el pensamiento racional, aquel que prescindía de la intervención de los seres sobrenaturales —dioses o demonios— sobre los acontecimientos que ocurrían en la Tierra. En lo que sí existe unanimidad es en considerar que la astrología fue uno de los pasos previos que condujo al pensamiento racional. La astrología adquirió un gran desarrollo en el llamado imperio asirio-babilónico muchos siglos antes de que naciera Jesucristo y ha mantenido su influencia hasta nuestro días. El supuesto básico de la astrología es que existe una profunda relación entre los acontecimientos que ocurren en el macrocosmos y los que ocurren en el microcosmos. El macrocosmos es, para entendernos, el universo —los planetas, las estrellas— y el microcosmos es el cuerpo humano. Según la opinión de los que llamamos científicos esta relación entre macrocosmos y microcosmos nunca ha podido ser demostrada y, por tanto, la astrología ha desaparecido de los saberes humanos oficiales y se ha refugiado en la revistas del corazón o, quizá dicho con mayor propiedad, en aquellas revistas que antes se llamaban del corazón y que ahora deberían llamarse de la ingle, la parte de nuestro organismo donde reside, según la cultura moderna, nuestra sensibilidad. También hay presencia de la astrología en las televisiones comerciales, las cuales, a media tarde, o a media noche, ofrecen consultorios astrológicos en los que alguna vidente, que ha averiguado la situación de los astros en el momento de nacimiento del que consulta, se atreve a pronosticar —¡muy arriesgada ella!— qué situación sentimental o profesional del cliente sufrirá cambios significativos. El estudio de la relación entre el micro y el macrocosmos, ya digo, ha sido abandonada por la ciencia oficial, pero es una creencia sigue anclada en el cerebro de muchos humanos. Yo mismo tengo un vecino estudioso que en las noches estrelladas del verano intenta convencerme de la influencia de la Luna sobre la calidad de la leña, el crecimiento del pelo, los injertos de los árboles, los avatares de la política norteamericana.


Si la ciencia ha abandonado el estudio de la relación entre el macrocosmos y el microcosmos no lo ha hecho el arte. Algunos artistas ha sabido explorar los cielos estrellados que los hombres llevan en el interior de su alma. Ha sido el caso —el caso magistral— de Joan Miró. Otros las mas simples representaciones del universo, como el caso, no menos magistral, de Paul Klee.


En esta onda del estudio de la relación entre el microcosmos y el macrocosmos está la obra pictórica José Luis Pujol, el pintor que ahora expone en las galería Horrach Moya. El espíritu de Miró acompaña al observador de los cuadros. Y no es mala compañía, se lo aseguro. José Luis Pujol es arquitecto de profesión y ha sido también el artífice de la magnífica remodelación que ha sufrido la galería. No es éste, sin embargo, el momento de hablar del racionalismo arquitectónico de José Luis, sino de la exploración que hace, en su pintura, del universo de nuestra intimidad. Del microcosmos o del macrocosmos que anida en nuestro cerebro. Los resultados están llenos de interés.


Especialmente atractivas son las indagaciones que Pujol hace más que en el microcosmos personal en lo que podríamos denominar mundo microscopio. Parece preguntarse si los microseres que nos permite ver el instrumento que descubrieron los holandeses del siglo XVII tienen una organización predeterminado, si siguen sigue un plan configurado o son, más bien, formas complejas o caprichosas que la lucha por la vida ha hecho surgir por casualidad. Por selección natural. Como si hubiera un bucle enrevesado y azaroso que fuera el director del desarrollo de una formas orgánicas que a veces va a dar lugar a protuberancias que parecen ojos prolapsados o dedos con pupilas. A mariposas terroríficas o a cebollas sentimentales.


La exposición permite contrastar el continente —racional, frío y lógico—, que es la galería, con el contenido onírico surrealista, mágico, azaroso propio de la pintura. Pensar que ambas obras han nacido de la misma persona —de José Luis Pujol— aumenta el interés de la muestra. ¡Cuánto hay por investigar todavía en el microcosmos —o macrocosmo— del cerebro humano y de sus productos. La pintura de Pujol está en el camino.