Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 15/7/03

 

Joan Costa en la Marimón


Tengo, en Can Picafort un conocido y un amigo que comparten el mismo nombre —Pere— y que creo que pertenecen a una subespecie del género humano que en este caso seria la de homo sapiens sapiens variedad vivus. Empleo este último latinajo en el sentido que los mallorquines utilizamos el adjetivo vivo cuando con él calificamos a una persona. Cuando damos este adjetivo a una persona queremos significar que ésta tiene la mejor virtud que puede tener un ser vivo —ahora en el sentido biológico del término— que es la de poseer una gran capacidad de supervivencia. Yo estoy seguro que ambos —mi amigo y mi conocido— sobrevivirían sin ningún tipo de problema en una isla desierta, en Wall Street, en Hong-Kong e, incluso, en Pòrtol que para nosotros los jovenzuelos de Son Ferriol era el lugar más difícil del mundo por lo rudos, duros y peligrosos que eran los de aquel pueblo.

Mi amigo —Pere Aguiló— y mi conocido no son los únicos ejemplos extraordinarios de supervivencia que existen en Can Picafort Existe una galería de arte que también se trata de un caso casi inexplicable de vida en un lugar que a primera vista parece yermo para estos menesteres. ¿Se le ocurriría a usted montar una galería de arte en Magalluf, en Santa Ponsa o en el Arenal. Si alguna vez he ido por allí no he visto nunca ningún extranjero que tuviera cara de visitar exposiciones de arte. Y si alguna vez hubiera de montar alguna procuraría que fueran cuadros de olivos, de marinas o de retratos hechos en diez minutos. Esto es lo que cabria esperar de una galería en Can Picafort. Pero no es así, sino todo lo contrario. El propietario, Gabriel Perelló, de la galería Marimón que así se llama la galería a la que me estoy refiriendo, ha apostado fuerte por la calidad y por la vanguardia. Quieren que les diga el nombre de algunos pintores que han expuesto. Pues apunten: Maria Carbonero, Joan Bennassar, Riera Ferrari, Ramon Canet, Ellis Jacobson y un largo etcétera. Un largo etcétera porque la galería Marimón, que lleva el nombre de la mujer del propietario, desde que se inauguró, ahora hace exactamente cuatro años, no ha parado ni en verano ni en invierno de mostrar aquellos pintores por los que Gabriel Perelló siente preferencia y en no pocas ocasiones amistad. Le he preguntado a Gabriel Perelló quienes son sus clientes y me respondió en ningún caso los extranjeros sino que tiene clientes de diversos pueblos de Mallorca que se desplazan a Can Picafort cada vez que consideran que la propuesta es interesante. También hay habitantes de Can Picafort —los inqueros, los de Santa Margalida— que son clientes de la Marimón. Me atrevo a preguntarle si la galería recibe algún tipo de ayuda oficial, del Ayuntamiento por ejemplo. Veo que Gabriel pone al principio cara de extrañado que luego se vuelve de irritado. “¿Del Ayuntamiento, me dices? Nada más lejos de la realidad. Mira, y no me importa si lo dices por escrito, te diré que la galería lleva cuatro años abierta y el alcalde, Sr. Antonio del Olmo todavía no se ha dignado a poner un solo pie en este lugar, que hace todo lo posible para ser un oasis de cultura en un lugar tan desierto”. Le pregunto, finalmente cual es , entonces, el secreto de la supervivencia y me dice que solo hay uno: la calidad de los artistas que selecciona.

Calidad no le falta evidentemente al artista —al escultor— que actualmente expone en la Marimón, Juanjo Costa, para mí, junto con Jaume Fullana, los dos mejores escultores jóvenes que tenemos en nuestro pequeño país. Qué decir de Costa que no haya dicho ya. Pus que sigue teniendo las ideas muy claras y que sigue el camino hacia la perfección que se impuso desde que comenzó. Cada nueva obra de Juanjo es un muevo paso en la lucha que ha declarado a Isaac Newton el formulador de la ley de la gravedad. A base de limpieza, elementalidad, depuración Juanjo consigue hacernos creer que el mármol no pesa, que no tiene gravedad En esta exposición ha acentuado las curvas que parece que existían previamente en el interior de la materia. Son unas figuras que creo que algún día se podrán a volar. No solo existe mármol de Carrara en la exposición de Costa. También existen piezas de hierro fundido y luego tratadas con oxidantes y otros reactivos que descubren unos colores y unas texturas casi mágicos. Y en las paredes de la exposición collages, xilografías, algún dibujo, hechos con la técnica que posee en grado sumo: una técnico compuesta de humildad, respeto, perfección, pureza, levedad. Todo esta aún que parezca mentira en ¡Can Picafort! no lejos de “Al Rojo Vivo” de mi juventud.