Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 11/05/01

 

Miguel Ángel Colomar (1903-1970)

Un vermut de ingenio y gracia


¿Qué pensarían ustedes de un crítico taurino que declarase que si él fuese político lo primero que haría seria prohibir las corridas de toros? ¿O de una persona que en una tarjeta de presentación se definiera así: Ex-estudiante de bachillerato (1915); ex-estudiante de comercio (1920-1924); ex-redactor de El Día (1920-1936); ex-vocal de la Asociación de la Prensa de Baleares (1934-35); ex-oficial de secretaria del Exmo. Ayuntamiento de Palma por oposición (1932-36); ex-cautivo en prisión estaciones (1936-37); ex-confinado en los campos de concentración de Son Catlar y Es Rafal d’Es Porcs (1937); ex-peón descargador ”La Payesa” (1939-41); ex-mozo de limpieza de la fabrica ”Ilma” (1941-47); ex-portero de dicha fábrica (1947-1957); ex-hombre? Creerían, probablemente, que se trata de un tipo interesante. Les aseguro que no se equivocarían. Lo digo porque quien así pensaba y así se definía era Miguel Ángel Colomar, periodista, critico taurino y de arte, novelista y pintor. Habrán adivinado, si han reparado en la fechas de su biografía, que se trata no tanto de un dimisionario, sino de un represaliado y, más que de un derrotado, de un perdedor, que son cosas distintas. Los verdaderamente derrotados son aquellos que si volviera a empezar la partida o el partido cambiarían de táctica, los perdedores son los que se mantendrían la misma táctica porque piensan que si perdieron fue por mala suerte, quizá por haberse anticipado a los tiempos, o por haber nacido en un lugar equivocado. Miguel Ángel Colomar fue de estos últimos. Nunca dudó que la táctica inteligente era apostar por la renovación, la inteligencia, el cosmopolitismo, la ironía, la crítica despiadada, el sarcasmo, la imaginación la gracia, la iconoclastia. La guerra civil le situó en el bando de los perdedores y tuvo que sufrir las inclemencias de la represión. Perdió, pero no lo derrotaron del todo.

No tuve suerte Miguel Ángel Colmar en vida; si la ha tenido ahora, 30 años después de su muerte. La suerte retardada de Miguel Ángel Colomar ha tenido la forma de mujer y se llama Magdalena Aguiló Victory quien ha comisariado la exposición que se ha montado en la Sala de Paper de Sa Nostra y que nos permite, en estos hermosos días de primavera, hacernos una idea bastante clara de como fue la vida y la obra de este sugerente personaje y pintor que se titulaba ex-hombre. Miguel Ángel Colomar.

Magdalena Aguiló ha trabajado con inteligencia y sensibilidad en el archivo familiar —del hijo y de su albacea a Ángel Gil— de Miguel Ángel Colomar. Pero, y a pesar de las buenas intenciones de la comisaria, no ha sido posible datar la mayoría de los obras que se exponen, y es una verdadera lástima porque permitiría constatar la mayor o menor rapidez —yo creo que fue muy grande— con que Colomar, a partir de sus quince años, supo captar los aires renovadores que se produjeron en el mundo del arte del siglo XX. No fue, conviene aclararlo, una asimilación ni mecánica ni pasiva. Muchos de los cuadros — cuadritos los llamaran los bobos que exigen más formato y soportes más consistentes para que una obra tenga enjundia— están cargados de tanta poesía, aire, frescura, provocación y encanto como los que atribuimos a los del surrealismo, del futurismo, del cubismo. Sí, hubiera sido muy interesante poderlos datarlos porque no seria descabellado incluso pensar que algunas veces Colomar se anticipó a la obra de Alberti, de Mompó, de Tàpies, de Canogar, de Genovés, de Doufy.

Algunos dirán que lo obra que hizo Colomar fue siempre ocasional y que no se puede ver una trayectoria ni un oficio de pintor profesional y ambicioso. Hay que compadecerlos, a los que así piensan. Son los mismos que creen que para hacer literatura importante hay que escribir novelones. Si ustedes como yo creen que dos o tres versos o una simple columna de un periódico son suficientes para mostrar la calidad de un escritor o, si ustedes saben apreciar el sabor de una tapa en un aperitivo —pongamos una tostadita de pan con aceite y sal—, y no necesitan un plato de “arròs brut” para deleitarse con la gastronomía les aseguro que disfrutaran con la exposición de Colomar. Será como tomarse una copa de buen champaña francés : volátil, alegre y ocurrente.

Si acuden a la exposición no olviden subir a la sala de arriba. Allá han puesto los retratos. Por una parte los que le hicieron a Miguel Ángel Colomar. El que firma Gittes, donde Colomar aparece como un Carlos Gardel, melancólico, chulo y arrabalero, es de primera categoría. Pero están también los que firmó Colomar y que estan dedicados a diversos personajes. Lo consagrados a Valle Inclán y a Roualt son —deberían ser— de museo. Lo digo así de claro.

Si Colomar hubiera nacido en París sería tan conocido como Jean Cocteau. Pero, por ventura para su desgracia —y nuestro orgullo—, nació en Mallorca.