Francesc Bujosa ::

 

Carles Taché y Pep Piña

el oficio de marchands



Es probable que el grupo de personas más interesantes que he conocido en esta vida lo formen los marchantes. El primero que me viene a la memoria es sin duda Jesús Ferriol que compra y vende caballos de carreras. Me gustaría tener un vídeo grabado de como me ha vendido algunos pencos a los que el atribuía unas cualidades fantásticas. “Bien estructurado, piernas fuertes, larga de cuerpo, una salud inmejorable y —seguía— lo mejor es la cabeza —en el argot caballístico cuando decimos que un caballo tiene buena cabeza o, mejor, una cabeza clara, significa que es inteligente para comprender lo que el dueño, el preparador y el conductor quieren de él— una cabeza —prosigue Jesús— como no he visto otra igual. Un día me vendió una yegua reproductora de cabeza muy clara, de la cual tengo una hija que cada vez que el veterinario quiere examinarla de cerca necesita ser anestesiada para no salir traumatizado. Si a Jesús le dices que, al caballo, lo ves un poco pequeño te dice que lo que pasa es que se estira como una liebre y que estas comprando un caballa de carreras que debe parecerse mas a un galgo que a una jirafa. Si el caballo tira alguna coz, te dice que no te preocupes que solo lo hace en verano a causa de los moscas, si intenta morderte te dice que son ganas de jugar, lo que tiene, y que es una manera de demostrarte su afecto. Yo lo digo de verdad: observar los caballos me gusta una barbaridad, pero todavía me gusta más que Jesús me explique lo bonito que son y las cualidades que tienen los que me quiere vender. Cuando UM, en un ejercicio de recapitulación intelectual sobre lo que es este país, quiera repasar la historia del trot balear la figura de Jesús Ferriol será imprescindible en el relato. Ha sido el gran renovador de la genética.


Antes de conocer a Jesús Ferriol, conocí al que es su suegro, un gitano catalán, emparentado con Peret y con el ya difunto Pescadilla, inventores de la rumba catalana, que se llama Ferrandet. Ferrandet era —y es— también marchand, pero en este caso no de caballos, sino de antigüedades. Ferrandet tenia una técnica de vender que siempre me pareció extraordinaria. Cuando te mostraba un objeto te decía: “yo creo que es falso, pero no me extrañaría nada que fuera auténtico”. Venía a decirte que el precio que te pedía era el de falso y que si tu lo comprabas y resultaba que era auténtico habrías hecho el negocio de tu vida. Yo le compre así una “pila de agua bendita”” y si, ahora, alguien al verla me pide explicaciones yo les repito las palabras de Ferrandet: “Es del siglo XVII, pero creo que es falsa”.


Recordé las figuras de Jesús Ferriol y de su suegro mientras visitaba el otro día la muy interesante exposición colectiva que se titulaba Taché a Pelaires. Es un exposición que se ha realizado gracias a la amistad de dos gran marchands del arte moderno, que son amigos y que pertenecen a la misma área cultural —vean lo prudente que me he vuelto desde el 25 M. Un barcelonés y un mallorquín, que tienen muchos paralelismo en su vida. Posiblemente habrán adivinado que me refiero a Carles Taché y a nuestro conocido y admirado Pep Piña. Los dos han ejercido, ya digo, con maestría este difícil arte de marchands de arte moderno.


Quizá la palabra marchand, de claro origen francés, no tenga en nuestra sociedad el prestigio que se merece, porque en el fondo pensamos que su principal objetivo es la de hacer dinero. Y no sólo hacer dinero sino hacerlo a costa del trabajo de los demás, del de los artistas. Pero yo les aseguro que si no existiese la figura del marchand probablemente no existiría el arte. Y quiten el probablemente cuando nos referimos al arte moderno. El cubismo si no hubiera existido Kahnweiler no hubiera pasado de ser un movimiento efímero y marginal dentro de la historia de la pintura. Sin alguien que sea capaz de hacer que las novedades sean aceptadas por compradores desconocidos, el artista perdería la libertad de pintar lo y como quisiese. Se limitaría, en el mejor de los casos a realizar los encargos con el tema y la manera de pintar que el cliente le encargase. Con un buen marchand puede explorar los caminos que le parezcan más fructíferos.


He dicho anteriormente que existe bastantes paralelismos entre Carles Taché y Pep Piña. Conocido es el gran impulso que la amistad con Miró significo para Pep Piña. Lo que Miró fue para Piña, lo fue Antoni Tàpies para Taché. Los dos saben jugar magníficamente este difícil papel de celestinos para que nazca el amor entre el coleccionista y una obra, y los dos participan con mucha asiduidad en ferias de arte dando a conocer nuevos valores. No es extraño que haya surgido la amistad entre ellos y que gracias a esta amistad tengamos ahora la oportunidad de ver en el centre Cultural Pelaires obra de Alvargonzalez, Amat, Arroyo, Brossa, Broto, Campano, Carroll, Gragg, Colomer, Esclusa, Kounellis, Lee, Lleó, Parker, Pazos, Rousse, Saura, Scully —sí, el gran Sean Scully— y Vilaplana. Si sale algún día que no haga mucho calor visítenla con atención y agradecimiento.

Última Hora :: 8/07/03