Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 30/05/01

 

Mensajes sobre papel

Museo de la Fundación March

Calle de San Miguel. Palma


¿Es, el papel, naturaleza o técnica? No es fácil contestar a esta pregunta. Quizá podríamos responder que, como tantas otras cosas, el papel es naturaleza manipulada. Empresa magnífica ésta de la manipulación y que tanto asusta a los partidarios de creencias radicales. Fue, el papel, un material que Europa incorporó de Asia allá por el siglo X y que vendría a revolucionar las posibilidades de comunicación entre los seres humanos. Porque el papel tenia y tiene, todavía, dos cualidades fundamentales. La primera era que fijaba los trazos que sobre él se dibujaban o se escribían. La segunda cualidad era que se podía transportar sin demasiado esfuerzo y sin que se alterase o degradase lo que sobre él se había dibujado o escrito. El papel se convirtió, así, en el soporte predilecto para que los hombres se comunicaran sus saberes y sus sentimientos. También sus ordenes, amenazas, y sus contractos. Gracias al papel ha sido igualmente posible archivar los pensamientos y las imágenes que la humanidad ha elaborado y transmitirlas a futuras generaciones. No puede extrañar que los pintores y los grabadores hayan aprovechado a menudo este soporte para dejar en él sus representaciones. Representaciones del mundo exterior o de su mundo interior, o de las dos cosas a la vez, que es lo interesante del arte. El papel tiene sin embargo —dicen muchos artistas— un grave inconveniente: no permite demasiados artificios ni rectificaciones. A mi, por contra, me parece que esa es una de sus grandes virtudes. El papel exige una comunicación directa y sin trampas. Registra la verdad del artista. El papel como soporte capta la autenticidad. Recoge minuciosamente todos los titubeos y dudas del pintor. Los cobardes esconden sus dudas, los valientes, los artistas de raza, la muestran cuando las tienen. No usan este horrible instrumento que es la goma de borrar, sino que conservan sus tentativas Pintar sobre papel es, por tanto, un acto de honestidad. Es el desnudarse. El aceptarse tal cual es el pintor.

Mostrar estas dudas, estos ensayos, los errores y los aciertos, los cambios, el fluir del ánimo es lo que hace de forma magistral Rodin en un desnudo de un mujer yacente que vi ayer. Es un dibujo sobre papel amarilleado y lavado y lo pude admirar en la calle de San Miquel de nuestra querida y algo sucia ciudad de Palma. No, no crean ustedes que me refiero a una reproducción: se trata —se lo aseguro— de un original. De un autentico original de Rodin si me permiten la expresión Y junto al original de Rodin se exhiben otros originales de —apunten bien— Cezanne, Chagall, Degas (¡seis Degas!) van Gogh, Kandisky, Klee, Klimt, Monet, Nolde, Picasso, Seurat, Sisley, Toulose-Lautrec. y otros maestros. Se preguntaran cómo es posible que en la calle de San Miquel se puedan ver estos originales. ¿Se trata de un nuevo fraude? Les aseguro que no. Se debe a que la Fundación March tiene unas especiales relaciones con el museo creado por el coleccionista Von der Heydt en la ciudad de Wuppertal y este magnifico museo ha dejado parte de su extraordinaria colección. Se trata —insisto— de obra sobre papel, pero obra en todo caso de la mayoría de artistas imprescindibles para escribir la historia del arte moderno europeo. De los grandes. Después de estar en Madrid la colección ha llegado hasta Mallorca y nuestra ciudad les da dará cobijo hasta finales del mes de Julio. Obra sobre papel. Obra de verdad. Sin trampa ni lienzo.

Si tuviera la habilidad —la inteligencia: no me tengo que engañar— que tienen algunos de mis colegas para conseguir subvenciones convencería a algún conseller para poner unos becarios en la puerta de la fundación que apuntaran quienes entran o no a visitar la exposición. Que pidieran nacionalidad, edad, sexo, estudios y lengua y cuánto tiempo han permanecido visitando la muestra. Les aseguró que aprenderíamos mucho no sólo de la clase de turismo que nos visita y de que las cosas les podemos ofrecer a nuestros huéspedes, sino, también, de cómo somos los mallorquines.

No creo que a nadie le interese dónde he pasado más tiempo en mi visita al museo de la Fundación March de la Calle de San Miguel. Pero se lo diré de todas formas. Hay una playa de Normandía pintada por Degas que ha retenido mi mirada más de lo previsible. Por dos razones. Porque está pintada cuando Degas tenia 34 años y, al mirarla y sentir el paisaje, yo quería saber si Renoir tenia razón cuando afirmó que si Degas hubieses muerto antes de los cincuenta años no habría pasado de ser un “buen” pintor. El segundo motivo es porque sé que en esta playa, en el cuadro desierta, han paseado y entrenado los mejores caballos de carreras del mundo. Intenté imaginarlos.