Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 24/10/01

 

María Luisa Magraner

cerca del cielo



Hay algunas preguntas esenciales para las cuales he perdido la esperanza de encontrar una respuesta sólida y clara. Una de ellas es cómo combinar los colores para que el resultado sea equilibrado, agradable y convincente. He leído tantas teorías sobre el particular que estoy de lo más confuso. Es, sin embargo, la pregunta que me volví a plantear al contemplar la exquisita exposición que María Luisa Magraner presenta el la galería Matthias Kühn de la calle del sol de Palma. La pregunta podría formularse de otra manera ¿el manejo de color es una cosa que puede aprenderse o es pura intuición, dura disciplina o un don de Dios?


La exposición no ayuda a contestar la preguntas antes formuladas. A la primera, sobre cual es, si existe, la regla general, porque si uno recuerda la etapa figurativa de María Luisa Magraner estaría tentado de pensar que la regla proviene de tomar la naturaleza como guia, pero en los cuadros que yo recuerdo de esta primera época la pintora no buscaba solo representar la naturaleza, sino comunicar este delicado hálito que el sentimiento poético encuentra en las cosas de este mundo. El cariño y delicadeza humana con que la pintora había tratado a un vendedor de periódicos, a una jovenzuela vestida a la moda, o a una naturaleza muerta, por poner algunos ejemplo, les otorgaba un dimensión desconocida y les confería una dignidad intima y delicada que repudiaba el burdo naturalismo. Y María Luisa —es bien conocido— era ya en estos inicios de su obra una maestra a la hora de repartir el color en sus cuadros. Cuando decidió, más tarde, explorar los caminos de la abstracción el buen gusto, el equilibrio y la poesía la acompañaron en el viaje. Pero allí los referentes a la naturaleza estaban todavía mas lejanos. Si no es, por tanto, la imitación de la naturaleza ¿cual es la teoría general que nos permite explicar el acierto continuo de los que como de María Luisa Magraner son maestros del color? ¿Qué regla hay que seguir para acertar? Piensen en este misterio cuando visiten la exposición y, si adivinan el secreto, por favor, escríbanme.


La otra pregunta —¿recuerdan?— era si éste, el de dominar los colores, es un arte aprendido o determinado genéticamente. La cuestión es menos pretenciosa, pero igualmente importante. Al menos, para mi. Y debo confesar que en el caso de María Luisa Magraner tampoco me podido despejar mis dudas. Algunos argumentarán que María Luisa tuvo buenos maestros, primero en Amiens, su ciudad natal, y, después, en la Escuela Superior de Bellas Artes de París y en la academia que el magnífico pintor y excelente crítico André Lhote tenia en la ciudad del Sena. Es posible que allí María Luisa aprendiera esta virtud de saber combinar los colores para serenar y conmover al mismo tiempo al espectador. Una virtud que como la de su maestro no era incompatible con un fuerte atrevimiento cromático. No, no puede negarse influencia de Lhote como tampoco la del cubismo y la de Cezanne, pero la pregunta sigue en pie, porque cuando María Luisa decidió viajar por los caminos de la abstracción probablemente se quedó sin referencias y tuvo que acudir a la guía que le dictaba su personalidad, fiarse de estos sentimientos y estos criterios íntimos y duraderos que ya tenemos formados a los siete años y que nos acompañan toda la vida, sean cuales sean los maestros que tengamos Insisto: ¿ustedes saben si el indiscutible buen gusto que siempre demuestra María Luisa Magraner, es de herencia o aprendido? Yo lo ignoro y si no me ayudan seguiré sin respuesta.


Las obras que María Luisa Magraner expone en la Mattihas Kühn no sirven, ya lo he dicho, para solucionar las dudas sobre el difícil arte de los colores. Sí sirven, en cambio, para demostrar el acierto y la valentía que tuvo la pintora para renunciar a una pintura terrenal llena de fuerza y calidad y que le había proporcionaba prestigio y clientes y dedicarse a la pintura celestial. La frase me ha salido bastante cursi y necesito explicarla. Cuando digo que María Luisa ha hecho una pintura celestial, no quiero decir que haya hecho una obra alejada de las pasiones de los hombres, lo que quiero decir que uno de los caminos que eligió para hacer un arte no estrictamente representativo fue el de explorar qué ocurre con la luz, los colores, las formas, los recuerdos cuando nos alejamos de la tierra, cuando nos adentramos en estos espacios dominados por el agua, el viento, la energía y los astros: cuando nos acercamos del cielo. María Luisa hace tiempo que explora estos espacios y lo hace con la serenidad y la entereza de un piloto que llevaba la lección bien aprendida. El buen gusto y la armonía —lo demuestra fehacientemente— no son solo unos buenos amigos para vivir en este mundo conocido, son también unos excelentes compañeros cuando uno decide explorar espacios y ambientes ignotos. Los resultados de este viaje son obras que poseen una elegancia conmovedora y que conectan íntimamente con nuestras ensoñaciones. Compruébenlo en la galería Matthias Kuhn. De la calle del Sol.