Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 30/05/02

 

Moneo y Catany en la Miró

El minimalismo pedagógico


Les aseguro que difícilmente encontrarían en toda Mallorca una persona que comprendiera la frustración, el cansancio y el abatimiento que a la larga produce la labor pedagógica. Llevó mas de 25 años en este oficio de intentar explicar las cosas y si no tuviera la certeza de que les aburriría hasta el infinito les podría contar los innumerables fracasos que he tenido en mi intento de hacer entender lo que pasa o ha pasado en este mundo. Los que corregimos exámenes solemos ser conscientes de la diferencia que existe entre lo que has intentado decir y la idea que se ha hecho aquel que ha tenido la bondad de escucharte. Los malentendidos, tergiversaciones, sesgos, banalizaciones de lo que o sobre lo que hemos pretendido decir forman un conjunto de recuerdos que te resguardan de esta ilusión de hacer las cosas medianamente bien. No, ya digo, los que ejercemos de una manera u otra la pedagogía somos perfectamente conscientes de la abundancia de nuestros fracasos. Mas conscientes que cualquier otro ser humano que viva feliz y sin excesiva necesidad de hacerse entender.


He dicho todo esto porque considero que los que montan exposiciones –en todo montaje hay un intento de pedagogia— deben tener un sentimiento parecido al nuestro: su destino es generalmente el fracaso. Quiero decir la incomprensión. Insisto en que conozco perfectamente este desánimo y puedo comprender ante él todo tipo de reacciones. Probablemente una de las más inteligentes es la de desistir. Dedicarse al cultivar el nihilismo o el minimalismo pedagógico. Este parece haber sido el ánimo y la actitud de quienes han montado los dos exposiciones que se muestra ahora en la Fundación Miró: una dedicada a Antoni Catany y otra a Rafael Moneo, el arquitecto al que una vez le oí declarar aquello tan bonito de la que la rigurosidad es la base de la libertad.


El espacio —l’espai cúbic— que la Fundació Miró ha dedicado al arquitecto de Tudela viene precedido por un corredor en donde se pondera la relaciones que existen entre dos edificios de Moneo como son la propia Fundació Miró y la catedral americana “Our Lady of the Angels, construida en Los Ángeles (EUA). En el rato en que yo estuve allí no vi a nadie que se parase a leer el citado texto. Estos espectadores entraban en la sala habilitada con croquis, fotografías gigantes, maquetas etc. que intentan explicar las dificultades que habían tenido que vencerse para la edificación de sendos edificios. Se muestran las dificultades y las soluciones técnicas. Pero esta explicación sin palabras debe ser clara —espero— para los que hayan estudiado arquitectura, pero no en absoluto para las personas que como este humilde comentarista ni para las personas que coincidieron con él buscando ese texto que diera un poco de luz pedagogica al montaje. Un texto como los que en Valencia llaman “l’explicació de la Falla”. No hay “explicació de la Falla” y el minimalismo explicativo es tan riguroso que había algunas maquetas que indicaban quien las había construido pero que no decían de que edificio se trataba, y, si lo hacían, lo hacían de forma tan delicada y sutil que yo no me enteré.


La otra sala esta dedicada a Antoni Catany el excelente fotógrafo llucmajorer que presenta unas fotografías llenas de interés porque juega con esta confusión que se produce entre la fotografía y la pintura. Son fotografías que presenta una textura y una coloración apastelada con un enorme poder de evocación. Fotografías y colores sobre los que el tiempo ha matizado su significado, cargadas de lúcida nostalgia y de un voluntad de descubrir realidades ocultas y sentimientos insobornables. Me dediqué a gozar de estas fotografías de Murano, Playa Manzanillo, en la Isla Margarita y de algunos personajes desconocido como si fueran postales que me hubieran mandado seres ya desaparecidos. En la sala se producía un ambiente de ambivalencia temporal y técnica. Recordé otras fotografías de Catany en la que intenta captar el paso del tiempo y como va mas allá de la frialdad que siempre depara la objetividad. Me hubieran gustado, aquí también, alguna explicación de cómo se conseguían aquellos efectos en aquellas fotografías que parecen tener deseo de ser pintura. Me fijé en los escuálidos cartelitos que había debajo de cada obra y pude leer que la técnica era de “Polaroid transportada”. Me quedé con un palmo de narices. ¿Hubiera sido mucho pedir que en algún lugar alguien además de subrayar la tierna sensibilidad de Catany hubiera explicado como hace las cosas, como consigue estos frutos con la Polaroid transportada?