Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 27/06/01

 
Pep Canyellas

el hierro como método



Fue Aristóteles, posiblemente el más famoso de todos los filósofos que han existido, quien nos enseño la conveniencia de aprender a observar los objetos distinguiendo entre materia y forma. Definió materia como aquella cosa en que tienen en común aquellos objetos que en apariencia son distintos. La forma seria, por el contrario, aquello que permitiría distinguir los objetos que estaban compuestos de la misma materia. Los psicólogos medievales que estudiaban la voluntad humana acordaron llamar materia a todo aquello que presentaba resistencia al desplazamiento y a la deformación. Uno de los materiales que más resistencia presentaba era el hierro, este producto sacado de las entrañas de la tierra que tan ligado ha estado —y está— a la historia de la humanidad. De hierro han sido hechos los instrumentos con que el hombre ha aniquilado a otras especies y a otros seres humanos, pero de hierro han sido también el arado i las maquinas. El hierro ha producido vida y muerte. Sin él la vida humana hubiera sido distinta. Muy distinta.


No puede extrañar las fascinación que en nuestras mentes produce el hierro una mezcla de repudio y de gratitud. Esta fascinación la siente sin duda también Pep Canyellas el conocido pintor y escultor (Palma, 1949) que ahora expone su obra en la Fundación Miró. La relación de Canyellas con el hierro no es nueva. Conoció su olor y las dificultades que presentaba para ser maleado desde joven pues su padre era herrero de profesión y el propio Pep en sus años mozos trabajo en el negocio paterno. Con facilidad por la pintura y asombrado con las posibilidades que ofrecían los colores Pep Canyellas se hizo pintor y nos ofreció una obra cargada de alegría color y poesía. Fue una trayectoria que estuvo reafirmada por un notable éxito comercial que permitió a Canyellas convertirse en uno de los pintores más emblemáticos de las más prestigiosa galería palmesana. Durante esta etapa, colorista y alegre, Canyellas trabajo algo el hierro e hizo unas esculturas que tenían como finalidad fundamental convertirse en soporte de sus juegos de colores. Eran motoristas lanzados hacia el futuro, o personajes superficiales i desorientados, llenos de ternura. Demasiado éxito y demasiada facilidad. Canyellas no se conformaba en ser conocido, necesitaba algo mas importante: conocerse a si mismo, saber que llevaba en su interior, aunque esta búsqueda implicase renunciar al aplauso y al halago inmediato. Para este camino de introspección Canyellas no eligió viajes a países extraños ni músicas orientales. Su método fue enfrentarse rigurosamente con la posibilidades que ofrecía esta materia en principio tan dura y fría como es el hierro. La exposición que ahora se muestra en la Fundación Miro es un paso más en este camino hacia el conocimiento profundo que emprendió, en torno al año 1990, Pep Canyellas. Para ella ha construido una seria de esculturas enmarcadas i seriadas en donde explora las posibilidades que ofrece la geometría, la simetría, el collage. Hay en estas composiciones un tema que Pep parece querer sobremanera. Es el de saber si existen vacíos en el interior de estas estructuras y si existen de qué material es el vació. ¿Somos, los hombres, armarios con unos cajones cargados de recuerdos?


La presencia y la influencia de los recuerdos esta ahora muy viva en la mentalidad de Pep que no hace mucho ha conocido el dolor de perder a seres que le quisieron a los que el quiso: sus padres. Por suerte o por desgracia pertenecemos a una cultura en que los desaparecidos siguen estando muy presentes en nuestras vidas. También lo deben estar en la de Pep, y lo están en la exposición. En la sala circular Pep nos a presentado seis esculturas colgantes. Cada una de ella esta formada por un bóveda de hierro de la que pende un a túnica tubular que proyecta en el suelo un sombra de hierro. Cuatro de estas túnicas son negras y otras dos son grises. ¿Son estos grises los personajes que ya viven en otro mundo? No lo sé, lo que si sé es que el conjunto produce un efecto de elevación espiritual, parecido al que produce la arquitectura de Gaudí. La comparación se la debo a un amigo de la infancia y yo creo que tiene razón. En la misma sala se muestran dos personajes en forma de rascacielos. Uno tiene una formas cuadriculadas y aristas y puede que sea el símbolo de la masculinidad y el otro es de formas redondeadas y puede que sea el femenino. No estoy seguro. En todo caso me parece que su ubicación no es la más adecuada. Digo esto porque creo distraen. Sin ellos las seis figuras colgantes crearían un clima parecido a un convento de cartujos en el que uno se hubieran encerrado a meditar sobre lo que es la vida y la muerte. Y a pensar sobre el doloroso paso del tiempo. “Transits” se llama la exposición.