Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 29/03/02

 

Rafel Perelló y sus “acumulacions”

Con ritmo


Ajuntament de Manacor




Una vez tuve un malentendido con los de Manacor y no quisiera que ahora se repitiera con una ciudad y con unos amigos a los que tanto admiro. En aquella desgraciada ocasión yo dije, hablando de caballos de carreras, que ir a correr al hipódromo de Manacor era como ir a vender naranjas a Valencia o a jugar al póker en Chicago. Comprenderán ustedes que lo que yo quería decir es que en Manacor sabían mucho sobre caballos, cómo prepararlos y cómo hacerlos correr. Esta era mi intención. Pero algunos conocidos lo interpretaron como si yo hubiera querido decir que eran unos viciosos que hacia trampa. Por eso tengo un poco de miedo a otra mala interpretación. Porque lo que quiero contar es que una vez le pregunté a Miquel Àngel Riera cómo era posible que una ciudad como Manacor diera tanta gente creativa: Parera Fons, Riera Ferrari, Antoni Mus, Gabriel Galmés, Brunet, Jaume Santandreu, Joan Bibiloni y un largo —larguísimo— etcétera. Miguel Àngel me contestó que la ciudad era indiscutiblemente fea y que pasear por ella, de lo menos atractivo, y por eso la gente en encerraba en su casa a escribir, a pintar, a componer. Le quise responder que si yo viviera en Manacor sí sabría donde ir para entretenerme, pero no lo hice porque son sitios en donde no siempre reinan las buenas costumbres. Yo no sé —apenas lo conozco— que tipo de relación tiene Rafael Perelló con su villa natal, pero lo que sí se que es un ejemplo más de estos personajes que pasan muchas horas encerrados en su estudio que se dedican a crear y a explicarnos como es su mundo imaginario.


Si he de decir la verdad fui a ver la exposición en el Ayuntamiento de Rafael Perelló sin grandes expectativas. Fundamentalmente por el titulo: “Acumulacions”. Lo pensé porque me conozco y sé que mis limitadas capacidades —y les prometo que no es falsa humildad— mi impiden captar muchas cosas al mismo tiempo. Para decirlo con algunos ejemplos: prefiero mil veces mas una iglesia románica del Pirineo que no la Catedral de Santiago; prefiero a Chillida que a Berruguete, el piano de Satie a una sinfonía de Brahams, o un “siurell” a una falla valenciana. Estas malas expectativas se vieron confirmadas cuando entre en la sala y vi unos cuadros en la que no quedaba casi ningún espacio vacío en la tela. Sin embargo, cuando los observé más de cerca e intenté comprenderlos cambié de opinión. Existía en ellos una evidente originalidad y algo que impedía que fuera una yuxtaposición de elementos amontonados sin ningún sentido. ¿Cual es —se preguntarán ustedes— este elemento que da sentido y salva a esta acumulación de casas que existen en los cuadros de Perelló y que quieren representar ciudades carentes de sentido? Quien visite la exposición no le será difícil adivinarlo. Encontrará junto a los cuadros que representan ciudades, otros relacionados con la música donde se acumulan, en uno, partituras y, en otros, músicos visto desde una partitura. Quiero decir, con ello, que el elemento que exime a los cuadros de Perelló es el mismo que salva el “Bolero de Ravel, a “la Bamba” o al “manisero” para ponerles ejemplos que yo, que soy una analfabeto en música, puedo entender. Este elemento que salva la insistencia y la repetición es, naturalmente, el ritmo. Cómo lo consigue no lo sé, pero lo cierto es que en ningún caso son cuadros pesados y aburridos. Perelló consigue dar una visión crítica, ambigua e inquietante donde se acumulan unos edificios apenas esbozados pero que mantienen entre ellos un relación llena de ritmo. Un ritmo que conecta fácilmente con el alma del espectador. Es un ritmo que Perelló sabe combinar con una cierta ambigüedad y que le confiere una gran personalidad. A veces la pintura del de Manacor parece grafismo, otras impresionismo, otra cubismo. Lo mismo pasa con las influencias. Cuando los observaba creí ver la influencia de Saura, en otros la de Vosgel, más adelante la de Dubuffet o la de Zusch. Todo ello significa que Perelló tiene un lenguaje personal y que ha decidido jugar con la capacidad metafórica de los objetos. Las relaciones que existen entre estos objetos de los cuadros de Perelló ¿no son una metáfora de lo que son las relaciones humanas de los tiempos presentes? Unos tiempos en que asistimos a unas fiestas donde estamos muy juntos — acumulados— sin que, pese a esta proximidad física seamos capaces de comunicarnos ningún sentimiento. Yo creo que Rafael Perelló es crítico con este crecimiento puramente numérico y que con su pintura a encontrado la manera de pensar y de hacernos pensar. de eso se trata.