Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 05/12/01

 
Pau Ll. Fornés

La retina biselada


Pedro Serra lo ha contado repetidas veces de palabra y por escrito. Un día acudió con un joven pintor a visitar a Juli Ramis que había regresado a Sóller. El pintor joven que tenia muchas ganas de conocer al ya consagrado maestro le pregunto si había visto alguno de sus cuadros y a ver que le parecían. Juli Ramis meditó un poco antes de contestar a tan comprometida pregunta y le dijo que para su gusto tenía un defecto y es que tenía demasiada facilidad con los pinceles. Una facilidad realmente asombrosa. Le aconsejó que cambiara de mano: que probara de pintar con la izquierda; y si veía que pintar con la izquierda también era fácil, que probara de pintar con los pies o con la boca. Pero que en todo caso tanta habilidad no le conduciría a nada bueno: sólo a la superficialidad.


Aquel pintor que acompañaba a Pedro Serra y quiso pedirle consejo a Juli Ramis era Pau Lluís Fornés Isern que había nacido en Palma y que de joven empezó a pintar bajo las enseñanzas de Pere Guetglas “Xam”. La habilidad técnica de Fornés y su precisión en el dibujo y acierto en la mezcla de los colores pronto dejaron sin objeto las enseñanzas de Xam, y Fornés se convierto en lo sucesivo en su propio maestro. Del magisterio de Xam quedaron en la mente de Fornés dos cosas: la necesidad de superar el postimpresionismo que todavía reinaba en Mallorca y un cierto gusta por la teatralidad y los disfraces. No se quedó Fornés a vivir tranquilamente en Mallorca y a disfrutar de su prestigio local. Residió en Madrid entre 1968 i 1973 i en Barcelona entre 1977 i 1985. Fornes no perdió nunca su facilidad ni sus ganas de trabajar. El fruto de estas dos virtudes fue una abundante producción que mostró no solo en Palma, sino, también, en Madrid, Nueva York, París Amsterdam, Londres. A parte de los cuadros Fornés ha pintado multitud de trabajos públicos. Me refiero a murales, biombos, retablos, mesas, altares, escaparates. No seria arriesgado afirmar que ningún pintor mallorquín ha producido tantos metros de pintura como Fornés. Alguien podría pensar que para producir tanto es necesario no complicarse la vida. Hacer pintura sencilla. No ha sido el caso de Fornés. Todo lo contrario. Su facilidad y las influencias que recibió les decantaron por un estilo barroco y por una pintura en que los objetos, personajes ambiguos, reflejos, ropaje, animales, frutas se acumulan y los planos de luz —de luz biselada— se superponen y yuxtaponen hasta forman como una especie de calidoscopio denso, colorista y complejo. Hay una indiscutible sabiduría técnica en la obra de Fornés. Nadie osaría discutirlo.


Pau Lluís Fornés tuvo la suerte de tener más influencias que las puramente pictóricas. Trabó amistad con el mundo de la literatura y conoció, entre otros, a Llorenç Villalonga, Jaume Vidal Alcover, Llorenç Moya, Josep María Llompart para los que Fornés trabajó a fin de ilustrar muchas de sus obras. A algunos incluso les pintó paredes de su casa que debido a lo que entonces se consideraba una procacidad tuvieron que ser —como las de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina— repintadas a fin de que telas y velos cubrieran las partes pudendas de los personajes. El propio Fornés se convirtió en el “Braghettone” de su propia pintura.


Fueron probablemente los escritores antes mencionados los que despertaron el interés de Fornés por Italia, por el barroco italiano y, también, por aquellos directores de cine que cuidaban con finura las cuestiones del decorado, el mobiliario, y la vestimenta de sus personajes. Me estoy refiriendo claro está a “regitores” como Visconti y Zefirrelli. Un mundo barroco de encajes, brocados, irisaciones, frutas, mascaras de carnaval, ciclistas que pedalean sin esfuerzo, toreros arlequinados, santas, fuegos de artificio, hojas caídas, piedras preciosas, tricornios, lágrimas de vidrio, apóstoles amancebados entró a formar parte de la pintura de Fornés, para constituir un universo —su universo— poliédrico y barroco. Todo ello lo podrá paladear, como si fuera un caramelo, el espectador que visite la exposición que se muestra actualmente en el Casal Solleric.


Es posible que después de visitar la exposición algún espectador se pregunte qué hubiera pasado si Fornés hubiera hecho caso a la recomendación de Ramis. Al consejo de que abandonara la facilidad, de que pintara con la mano izquierda o con los pies. Otros se preguntaran cómo hubiera pintado Fornés si en vez de aficionarse tanto a la literatura con argumento, con tramas y decorados operísticos se hubiera limitado a gustar de la poesía pura, de aquellos poetas que saben concentrarse y emocionarse con el olor del viento, con la sombra de un árbol, con el sol que ilumina un jardín, con el blanco de la cal. Con la vida sin dobleces. Pero ustedes ja conocen el aforismo o epigrama sobre el uso hipotético y excesivo del condicional. Aquella grosería de que si la tía tuviera… Dejémoslo ahí.