Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 01/02/02

 

Poètiques Modernes

Lo que hacían los ángeles


Casal Solleric


La semana pasada tuve ocasión de tomar un café con el señor Gabriel Cañellas, el que fuera presidente de esta Comunidad. Entre otras cosas me dijo que había leído y subrayado el libro en el que Pedro Serra me contaba algo de su vida, de sus pensamientos y sus sentimientos. Cañellas me dijo que buena parte de los subrayados tenían por objeto aquellos párrafos de la conversación donde Pedro me comentaba su amor por los árboles. Cañellas hacia notar, con esa cara de malicia que tanto le gusta poner, que era curioso que un hombre que había hecho una fortuna vendiendo papel ahora se declarase tan partidario de los árboles. Como Cañellas no me lo contó en secreto, sino que probablemente lo dijo con la intención de que su comentario llegara a oídos de Serra, yo no tuve ningún inconveniente de transmitirle el recado a Pedro Serra. Comíamos un excelente plato de bacalao hecho por un sabio cocinero de la Puebla y bebíamos un alegre Alvariño. Pedro encontró ocurrente la observación de Cañellas y dijo que era cierto: que no solamente debía querer a los arboles, sino que también debía estar agradecido. Y es que Pedro sabe los arboles han suministrado la materia prima —el papel— que ha hecho posible que los hombres nos mandáramos mensajes a distancia. El Dios de nuestra cultura, cuando quería dar un recado, mandaba un ángel. Los mortales tuvieron que ingeniárselas para encontrar un mensajeros que fuesen tan ligeros y fieles como un ángel. Esta función de ángel anunciador la ha cumplido el papel desde que fue inventado allá en el siglo X.


Todo eso la ha sabido, desde hace tiempo, Pedro Serrá, que supo adivinar las cualidades que el papel tiene para que los pintores impriman en el los mensajes que envían a todos aquellos que alguna vez se interesan por su forma de ver el mundo. Adivinó que es el papel el soporte donde el artista se expresa de forma rápida, directa e intima y que es sobre un papel donde se han realizado la mayoría de pruebas y experimentos que han conducido a las grandes innovaciones artísticas que hoy conocemos. Por eso cuando empezó a formar su colección no menospreció la obra sobre tan receptivo soporte. El resultado de este largo y continuado empeño de coleccionista puede observarse en estos días en el Casal Solleric en una exposición que lleva como título “Poètiques Modernes” y como subtítulo “Obra sobre paper a la col·lecció Serra”.


He dicho en alguna ocasión que quien expone su obra ante la critica está prácticamente indefenso: si uno destaca por su alegría el critico puede decir que es excesivamente frívolo; si, por el contrario, uno quiere ser muy serio el critico siempre podrá decir que le falta ironía y sentido del humor. Lo mismo pasa con las colecciones: o se puede decir que son limitadas, o, en caso contrario, que son dispersas. Y éste —me apostaría alguna parte de mi cuerpo— será el comentario crítico que se hará a la colección Serra. Pero yo no entiendo que querrán decir con esto. Y haría una pregunta al lector. Si usted tuviera posibles y le surgiera la oportunidad de comprar un buen dibujo de Matisse, ¿en nombre de qué principio de coherencia debía usted renunciar a ello? ¿O un Picasso, o Miró, o Klee?


La colección que ahora se puede ver en el Solleric sobre el devenir del arte moderno es, creanme, rica y variada. Tan rica y variada que seria mucho mas corto comentar las ausencias que las presencias de los grandes maestros que a partir de 1870 nos enseñaron, con su pintura, a ver el mundo de otra manera. Es variada y rica, pero no exenta de criterio. ¿Cual es este criterio? Yo creo que es doble. A Pedro Serra le ha interesado siempre el riesgo y el atrevimiento y, en cambio, ha prestado poca atención a la pintura adocenada, convencional y repetitiva: a la pintura conservadora, para entendernos. El otro criterio es el de la amistad. Pedro Serra me confesó que había logrado ser amigo de muchos de los pintores que componen su colección y que esto era lo mejor de su colección. Yo le repliqué que en su colección existen cuadros, esculturas y dibujos de artistas que ya murieron y que él ni siquiera conoció. El mes contestó que cuando un cuadro le gusta es porque tiene la certeza de que aquel pintor, caso de conocerlo, hubiera podido ser amigo suyo.


No, lo difícil explicar no es el sentido de la colección Serra, lo realmente difícil de explicar es el hecho de que alguien renuncie a la posesión privada de tantas maravillas. Buena parte de estas piezas pasaran a ser expuestas en el futuro Museu d’Art Modern y Serra no podrá convivir con ellas a diario. Yo creo que conozco las razones que pueden dan sentido a esta actitud rara en estos lares, pero ustedes comprenderán que éste no es el momento — ni el lugar— para que la exprese.