Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 29/11/02

 
Zoltan I Poharnok

la nostalgia ocre


Exposición rememorativa Zoltan I Poharnok

Fundación Barceló



Zoltan I Poharnok nació en Gyor (Hungría) el 4 de Julio de 1905. Su formación la recibió en los primeros años en si ciudad natal, pero a partir de los dieciocho años se puede decir que tuvo la oportunidad de aprender en muchos y muy distintos lugares. En primer lugar en Budapest y poco después en Londres. Más tarde estudió arte decorativo islámico y bizantino en Turquía y Bulgaria. Poharnok le cogió gusto a los viajes y pintó y expuso, bien de forma individual, bien de forma colectiva en ciudades como Budapest, París, Londres, Salónica, Atenas, Graz, Zurich, Venecia, Malmö, Estocolmo, Oslo, Copenhague, Varsovia o Praga. Cuando, en Inglaterra, coronaron a Jorge V, Poharnok exponía su obra gráfica nada menos que en el Museo Victoria and Albert de Londres. En la capital de su país fue una figura notable; recibió varios premios, diversos encargos pictóricos como el de una serie de acuarelas y publicó varios ensayos sobre arte. Colaboró, igualmente, en un libro que se editó en Budapest y que llevaba como título “La Pintura en España”.


Finalizada la segunda guerra mundial y tras trabajar en el Museo Nacional de Hungría y en el Consejo Húngaro de Arte, su país le nombró Representante General en los Estados Unidos y vivió varios años en Nueva York. Recibió entonces diversos premios en la ciudades de Cleveland y Chicago. Cuando Hungría perdió su independencia Poharnok se acogió a la ciudadanía americana.


En 1963 Poharnok se vino a vivir nuestra isla y aquí fijó su residencia a partir de entonces, expuso casi anualmente en el Circulo de Bellas Artes. Murió en Palma el 22 de marzo de 1976, cuando contaba con 70 años.


Pahornok dejó escrito cual era el fundamento de su vocación: «Miro a mi entorno y me deleito en su belleza pictórica, sin ningún límite temático. Ahora me conmueve unos árboles, unas nubes, unas rocas, unos hombres o unas mujeres, unas colinas; ahora es un niño, una calle, una flor, o quizá una simple piedra junto al camino. Siendo pintor, saboreo la belleza de la forma, del volumen, del dibujo, del color, del tono, de la textura y entonces, se pone en marcha mi imaginación, y tengo el ímpetu necesario —esencia de mi vocación— para formular mi comentario pictórico y comunicarlo a mis semejantes. Si la critica califica mi obra de “impresionista”, “expresionista”, “cubista”, o lo que sea pecará por error. Sin querer presumir de estilo personal, diré que mi obra está exclusivamente ligada a mi propia experiencia humana y estética. En cuando al retrato, cuando lo hago es porque me interesa la personalidad que deseo analizar para mejor entenderla. En relación con este tema, diré que me repugna el “retrato de gala”. La señora se viste con su traje más lujoso, abundantes joyas y un peinado extravagante, amen de una buena dosis de maquillaje que acaba por esconder su verdadera personalidad. Después sobre la chimenea del salón se colgará la gran mentira, la pura farsa. En mi opinión, esta clase de trabajos no entran en el campo del Arte con mayúscula. Es más la considero tarea horrorosa para el artista creativo, Cuando pinto un retrato, nadie está obligado a quedárselo, puesto que sabiendo yo mismo que es una sincera y honrada obra mía sin concesiones, puede quedar como tal decorando mi propia casa».


Los que, como yo, no conocen la obra la obra de Poharkoc tienen ahora la oportunidad de analizarla en la antológica que se expone en la Fundación Barceló de la calle de San Jaume. Todos los cuadros que se exponen pertenecen a la etapa mallorquina de Poharnok excepto cuatro. Uno es una “Espera en Casablanca”, otro un paisaje junta al Danubio y los restantes son dos bodegones. A mi modo de entender la venida a nuestras isla no replanteó los supuestos de la tarea de Poharnok y sus colores, en vez de encenderse, se apagaron todavía más. También la luz. Son unos cuadros que con el predominio de los colores ocres y grises dan una sensación de envejecimiento y producen como un sentimiento de tristeza notable.