Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 7/01/03

 

Rafael Bestard

la perspectiva fotográfica



El invento fue original de Nicophore Niepce y estaba basado en los modificaciones químicas y físicas que la luz producía automáticamente sobre determinadas superficies impregnadas. Daguerre se apropió de la empresa y de las ideas de Niepce y por esto las primeras representaciones automáticas de la realidad se llamaron daguerrotipos. Sucedía en la cuarta década del siglo pasado. Eran los primeros pasos de lo que luego se llamó fotografía. El físico rosellonés François Aragó, tan ligado a Mallorca, defendió ante el parlamento francés el uso público de la fotografía. Pocos años más tarde Talbott Fox invento los negativos, por lo que la imágenes obtenidas podían repetirse una y otra vez. Si se empleaba el mismo substrato y se tenia el mismo tiempo de exposición los positivos se parecían enormemente: eran casi iguales.


El poder hacer copias iguales era una de las virtudes dela fotografía, la otra era su objetividad. ¿Que significa esto de la objetividad? Dos cosas. La primera que si dos personas utilizan la misma cámara, el mismo cliché y enfocan un mismo objeto será muy difícil saber a cual de las dos pulsó el botón en una y otra ocasión. La segunda y quizá mas importante cosa que significa la objetividad es que todas las personas que contemplan una fotografía ven aproximadamente los mismo y en el caso de que se trate de un retrato todos pueden identificar la persona retratada sin posible confusión. Fotografiar la naturaleza se convirtió desde entonces en uno de los grandes objetivos de la ciencia. Era un modo de conocerla de manera objetiva, el pacto implícito que habían subscrito todos los científicos.


El matrimonio de la fotografía con la ciencia fue mucho mas feliz del que la fotografía hizo con el arte y más en concreto con la pintura. No fueron pocos los pintores que creyeron que la fotografía acabaría con su oficio. La fotografía seria mejor testimonio y mejor documento que cualquier pintura o dibujo. La interpretación de que los nuevos rumbos que tomó el arte a partir del impresionismo fue en gran parte debido al intento de diferenciarse de la fotografía es muy sostenible. Un nutrido grupo de pintores renegaron de la fotografía, otros —los más inteligentes— como Bonnard, Vuillard, Rodin o el mismo Picasso supieron incorporarla a su quehacer diario. El estudio que Degas hizo del movimiento de las bailarinas que pintó o de los caballos que esculpió fueron posibles gracias a su cámara fotográfica. Las influencias de la pintura sobre la fotografía y al revés han sido, desde entonces, múltiples. El primer caso basta recordar algunos bodegones de nuestro Antonio Catany para saber que los fotógrafos han tenido a veces pretensiones de pintores y, para el segundo, a los hiperrealistas que quisieron reflejar la realidad no tanto como es, sino como aparecía en una fotografía.


La exposición que ahora se muestra en la Galería Horrach Moyà debe contemplarse en este marco de las relaciones entre fotografía y pintura. El pintor, Rafael Bestard, da señales bien evidentes de que no se trata de una joven promesa, sino de una realidad. Con su depurada técnica demuestra que no fue baldío su paso por La Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona ni ocioso su participación en seminarios y cursos que se dieron en la Fundación Miro, en La Fundación March, en el Casal Solleric o en el Circulo de Bellas Artes. Bestard con su saber hacer hace honor a aquellos jurados que han subrayado su calidad dándole el primer Premio en el certamen del Dijous Bo de Inca o nominándole como finalista en diversos premios como el Ciudad de Palma.


La exposición que Bestard presenta en la Galería Horrach Moya supone otra vuelta de tuerca a la relación entre pintura y fotografía. Cuando se entra en la sala uno cree que se trata de una colección de fotografías cuyo tema es el rostro humano. Bestard ha esparcido con gran destreza, minuciosidad y paciencia el color para parecerse a una fotografía. Pero no es solo eso lo que le da apariencia de fotografía. Bestard ha sabido desenfocar los segundos planos como se desenfocan en una fotografía. Así adquieren perspectiva —perspectiva fotográfica— sus cuadros La finalidad que tiene Bestard no es hacer únicamente pintura que parezca fotografía, sino que quiere hacer prospección psicológica. Quiere captar algunas interioridades mentales de las personas. Son interioridades que quedan veladas en la fotografía y en la pintura tradicional, y que Bestard quiere desvelar con su técnica. Para romper con el hieratismo inherente a todo aquel que siente que posa Bestard les hace poner el dedo índice y pulgar delante de un ojo simulando el objetivo de una cámara fotográfica. Es un nuevo guiño. A través de este gesto se transluce una clara complicidad entre el modelo fotógrafo y el pintor que quiere parecer fotógrafo. Cuando salí de la exposición pensé que también Munch hacia fotografías a sus modelos antes de pintarlos de forma expresionista. Pero la pintura de Bestard es mucho mas risueña que la de Munch. Mucho más.