Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 25/04/01

 

Ritch Miller

Diez años después




No quiso dejar a sus seres más queridos —sus cuatro perros— a merced de la caridad de sus vecinos o de sus herederos. Había cavado la tumba donde iba a enterrarlos después de sacrificarlos. No tuvo el coraje o quizá la técnica para hacerlo. Si lo tuvo para poner fin a sus días. El lugar escogido para tan irremediable determinación fue su casa de Son Fonoll, en Santa Maria. Santa Maria no fue, sin embargo, el lugar elegido únicamente para su adiós definitivo, sino el que prefirió para amar, para dormir, para comer, para trabajar, para crear, para pasear, para pintar, para escribir largos y hasta ahora indescifrables textos. Santa Maria fue el refugio final donde se guareció de las inclemencias sociales, de las amistades interesadas, de las maniobras del mercado del arte y de la moral que condenaba sus inclinaciones sexuales y su escaso entusiasmo por el “way of life” que imperaba en su patria. Había nacido en Waco en el estado de Texas y en sus venas corría —afirmaba— sangre india. No se sabe si comanche o sioux. En todo caso, la sangre de los perdedores de esa larga batalla gracias a la cual los ingleses e irlandeses impusieron su orden, su lengua, su cultura, su moral en los territorios de la América del Norte.

Santa Maria, su refugio, ha decidido recordar —recordarnos— que se cumplen diez años del adiós voluntario y definitivo de este tejano y “santamarier” de elección que se llamó Ritch Miller. Un tipo extraño y llenó de interés. Un pintor de una enorme categoría.

Para esta conmemoración, el Ayuntamiento de Santa Maria ha tenido la culta y feliz iniciativa de organizar una modesta pero sentida muestra de su obra. El Ayuntamiento ha contado con la colaboración inteligente y generosa de Sa Nostra, del Govern i del Consell Insular. También con el esfuerzo, el entusiasmo y sensibilidad de los comisarios de la exposición Maria Amengual y Joan Terrassa. Y un lugar tan entrañable como mejorable para montar exposiciones: Cas Metge Rei.

La idea fundamental que ha guiado a los organizadores es presentar obra poco conocida. Sé que algunos de estos cuadros que ahora se exhiben fueron cambiados por un pan tierno, por una verduras jugosas, por unas palabras escritas, por una caricia.

La exposición esta ordenada según soporte y épocas: es un orden que permite observar una constante y sorprendente perfección técnica. Más extraña si se recuerda que Richt Miller tenia una sólida formación teatral, pero que se declaraba absolutamente autodidacta en pintura. No hay alarde técnico, pero sí eficacia. Este disimulo de su capacidad tenia la finalidad de no distraer al espectador, al que quería hablar del mundo: de su mundo. De unos hombres que parecían muñecos o de unos muñecos que aspiraban a ser humanos. Ambos, habitantes de un universo raro que les negaba la comprensión y el amparo. Hombres o muñecos absolutamente incapacitados para la comunicación a los que se les había amputado cualquier vestigio de ternura. Muñones sentimentales... Ritch los representó con altas dosis de amargura, con ironía inclemente, con sarcasmo irreverente. El santamarier de Tejas supo, más adelante, que había agotado la vía de los hombres muñeco y que la pintura joven de Mallorca recorría ya unos caminos más atrevidos. Se hizo paisajista. No fue una traición: el paisaje que aparecía en los cuadros de Ritch era de una dureza y una amargura mayor si cabe de la que impregnaba sus personajes. Árboles azotados por el viento, lluvia inclemente, cielos inhóspitos, plantas de cartón, lunas desvariadas, gaviotas extraviadas y malignas. Los hombres eran muñecos, los animales, malvados; las plantas, un mera prolongación geomórfica de la tierra, y la tierra, puros guijarros. Cantos rodados e impenetrables.

Tal vez sea esta amargura de sus temas las que puede explicar un fenómeno difícil de entender. Quiero decir que Ritch Miller era y es uno de los pintores mejor valorados no sólo por los entendidos sino también —cosa mucho más difícil— por los que fueron sus colegas, y, sin embargo, los precios que alcanza son inferiores a muchos pintores adocenados y repetitivos hasta la saciedad.

Si tienen tiempo vayan a Santa Maria. Las lluvias recientes han reverdecido los campos que la rodean la ciudad de los pimientos y del vino áspero Estamos todavía en tiempos de la Pascua Florida. Visiten la exposición de Ritch a Cas Metge Rei y lean si pueden —en el catálogo hay las pertinentes indicaciones bibliográficas— lo que sobre Ritch han escrito Josep Melià, Gabriel Janer, Guillem Frontera, Joan Carles Gomis. Les aseguro que no se arrepentirán. Ni del viaje, ni de la lectura.


Recordant Ritch Miller

Cas Metge Rei.

Santa Maria.

Del 21 de Abril al 1 de Mayo.