Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 24/05/02

 

Fabian Schalekamp

la materia orgánica e inorgánica









  1. “I na Catalina se troba dins aquell bosc, tota solina, dalt roques i batzers, just amb sa robeta que duia damunt, amb una fosca que la porien taiar a espasades, amb un serení que feia ses pessigolles ben endins. Figurau-vos quin esglai, quin aborronament per aquella pobra al·lota. Estava segura que a trenc d’auba ja hauria donada l’ànima a Déu, de s’angunia que li rosegava es cor i de sa por que la se menjava de viu en viu.

  2. No vos dic res si hi acudí a Deu i a Maria Santíssima i a tots es sants del cel perquè li assistissen de bon de veres, que tot s’era mester! A la fi trencà d’auba i sortí es sol.

  3. Llavores tocà amb ses mans tot lo ferest que era aquell bosc: tot de mala petja, que no hi havia qui hi donàs passa; tot romeguers, aritjals, espinalers, gatoves, esparegueres que no tenien fi. I sa por més grossa que ella tenia, que no sortís qualque llop o lleó que la s’engolís amb una xuclada”.


El párrafo que acabo de citar lo conozco y que he tomado de un articulo de Gabriel Janer Manila y pertenece a una rondalla titulada “La bella ventura o es ca negre sense nas” que recogió el canónigo Mossén Antoni Maria Alcover e incluyo en su monumental obra literaria y antropológica.

Si he mentado la palabras de “La bella ventura o es ca negre sense nas” no ha sido con la intención de que los lectores de Ultima Hora pudieran deleitarse del magnifico catalán que empleaba Alcover, sino para dar una prueba fehaciente en favor de una idea que leí hace tiempo y que me pareció muy sugestiva. y acertada. La idea o razonamiento consistía en subrayar lo mucho que había cambiado el significado de la palabra bosque desde hace cien años, que es cuando Alcover escribía sus “rondalles”, hasta nuestros días. Y es que tradicionalmente el bosque fue un lugar aterrador para el hombre y mas aún para los niños. Un lugar lleno de peligro y poblado por alimañas, por gigantes malignos, serpientes venenosas, lianas estranguladores, zonas sombrías, pozos oscuros, ruidos indescifrable. Las cosas ahora, ya digo, han cambiado radicalmente: el bosque se ha convertido en un lugar para ir a descansar, a pasear, a meditar, o comprender la naturaleza y a través de esta comprensión intentar entender un poco lo que somos nosotros mismos. Los peligros a no se encuentran actualmente en la espesura del bosque, sino probablemente en la despachos de las ciudades: en las consultas de los abogados, en las oficinas bancarias, en los gabinetes de información, en los urbanizadoras, en los departamentos universitarios. Son en estos lugares donde habitan los lobos que dan dentelladas. El bosque, anteriormente aterrador, es ahora amigo, mágico y seductor, y este es el bosque lo que ha montado Fabián Schalekamp al espacio 4 del Palau Solleric.

Fabián Schalekamp nació en 1964 y por tanto en una época en la que el bosque podía ser ya transitado sin terror. Y el lo hizo, de pequeño. Si no el bosque palabra que los mallorquines solemos reservar a los terrenos donde crecen las encinas, sí en esta especia de sotobosque o de jardín asilvestrado que es la garriga mediterránea. Es allí donde crecen los olivardos , el lentrisco, el romero, la jara nuestra.

Tengo la impresión de que Fabián tuvo muy claro desde pequeño que estos eran sus amores, y explorar su significado, su vocación. Sentía pasión por la naturaleza y por la cultura que la ennoblece subrayando sus maravillas. Sus sentimientos eran poco compatibles con el academicismo que suele estar más ligado a lo artificial y a la reproducción. Por fortuna Fabián supo preservar sus amores del intento de castración del mundo académico. Decidido a ser artista estudia en la Escuela de Artes y Oficios de Palma, en la Rieetvekld Academia de Amsterdam, en la Real Academia de Bellas Artes de la Haya. Per con quien mejor sintonizó fue —claro está— con los artistas británicos del “Land Art” y, en especial, con Richard Long. Obras que pudo conocer gracias a una larga estancia en Sutherland.

Fabián encontró en el “Land Art” la manera de compaginar sus amores y sus estudios. Se propuso trabajar en el terreno de intersección entre la materia orgánica e inorgánica. La materia viva y la inerte. La modificada por la vida y la modelada por las manos artesanales. Utilizó durante mucho tiempo tejas y yo le vi un “claper” hecho con trozos de cepas y de leños que era una maravilla. En esta línea Fabián. ha montado un bosque/laberinto en el espacia 4 del Palau Solleric. En este bosque dialogan los formas orgánicas mutables y sugeridoras con los objetos duros, geométricos, impasibles y propios del ansia urbanizadora humana. Son ladrillos que parecer nacer de los troncos arbóreos. Forman unos seres intrigantes en donde se mezcla la cultura y la naturaleza. Todo para ofrecernos un espacio para la meditación y un lugar para poder escuchar los pájaros de nuestro infancia.