Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 24/10/01

 

Las sillas del Vitra Design Museum



Ya sé que no queda demasiado bien empezar un articulo ponderando la virtudes de quien lo firma, pero, así y todo, déjenme que les diga que soy una persona agradecida. Suelo practicar mas los agradecimientos interiores que los exteriores, porque soy bastante tímido y porque los primeros son más baratos. Mi agradecimiento no solo va dirigido a las personas sino también a los animales e incluso a los objetos. Si me preguntaran a cual objeto estoy más agradecido creo que tendría pocas dudas para contestar: seria la silla, mi respuesta. Algunos podrán pensar que porque la silla —la cadira, en castellano clásico y en catalán— da nombre a la profesión que me permite comer de caliente todos los días Les aseguro que no es este el motivo fundamental de mi agradecimiento.. Si estoy agradecido a la silla es porque creo que es un de los objetos mas humanos que existe, sin el cual yo no podría hacer la mayoría de las cosas que mas placer me proporcionan: leer, comer, charlar, recordar, oír música. Puede que lo tomen por una exageración, pero debo decirles que la vida, sin sillas, seria casi insoportable.


Tras lo dicho no les resultara difícil creer que me llevé una gran alegría cuando supe que en el Palau Solleric se iba a exponer una muestra de la mejor colección de sillas del mundo. Tampoco les sorprenderá si les digo que he visitado la exposición dispuesto a ofrecer mi agradecimiento a todos aquellos que contribuyeron a hacer mas cómodo y elegante el mueble sobre el cual paso la mayor parte de mi vida. Porque de esto trata la exposición. de mostrar como el ingenio humano ha sido capaz de crear objetos que sea a la vez bellos y prácticos, aspirando incluso a demostrar que esa regla de que “cuanto más cómodo mas bello” se puede cumple en esta vida.


Lo que en el Solleric se exhibe es una muestra del contenido del Vitra Dessign Museum, que tiene su sede en Weil am Rhein , en un edificio proyectado por Frank Gehry, y cuya fama se extiende por todo el mundo. El Museo esta ligado estrechamente a una compañía que fabrica muebles y que lleva el mismo nombre: Vitra. Fue, la Vitra, una empresa fundada por Willi Fehlbaum en 1934 y dedicada fundamentalmente a la producción de accesorias para tiendas. Así continuó hasta que en 1957 Fehlbaum abrió una sección de muebles de oficina en los Estados Unidos. Fabricaba estos muebles con la licencia de la Herman Miller Company. Fehlbaum tuvo el acierto de encargar los proyectos de los muebles a George Nelson y , sobretodo, a los hermanos Charles i Ray Eames. El 1977 la empresa pasó a manos del hijo de Will Fehlbaum, Rolf, que comenzó a coleccionar ejemplos de todos los muebles que habían proyectado los hermanos Eames y otros arquitectos de prestigio como Jean Prouvé i Alvar Aalto. A finales de los años ochenta Rolf Fehlbaum conoció a un coleccionista de muebles modernos de enorme importancia. Se trataba de Alexander Von Vegesack y, pocos años después, los muebles de Alenxander Von Vegesack pasaron a engrosar la colección Vitra, que se convirtió, así, en la mejor del mundo en su especialidad. El crecimiento de la colección fue simultáneo con el enorme éxito de la empresa dedicada a los mueble de oficina en su sentido amplio. Fue un éxito que permitió remodelar la fabrica de muebles que tenia su sede principal en Weil am Rhein. Para dicha remodelación Rolf Fehlbaum de permitió el lujo de contratar los mejores arquitectos del momento como Nicholas Grimshaw, Tadao Aldo, Eva Jiricna y el portugués Alvaro Siza. No podía faltar la gran estrella Frank Ghery que diseño un edificio para recibir a los clientes , pero que, al final, se convirtió en el refugió de la colección Vitra, ahora ya merecedora de la etiqueta Museo.


El Museo Vitra tiene por costumbre preparar con gran esmero las exposiciones que hace en distintos de sus muebles y así ha sido en Pâlma. Sé de buena fuente que las sillas que se muestran en el Solleric tienen una disposición concienzudamente calculada, aunque a primera vista uno puede sufrir un engaño y pensar que la muestra tiene cierto aire de almacén. Lo que me extraña es que una un empresa de tanto prestigio edite un catálogo de lujo con unas excelentes fotografías, pero con un texto que a mi parecer es endeble. Hay probablemente un defecto de origen. El autor, Chistopher Wilk, viene a decir que el Vitra Museo esta muy ligado, pero que es independiente de la empresa Vitra. Y tal razonamiento no es fácil de entender. Si el texto originalmente ya es confuso, mas confusa resulta en su poco afortunada traducción castellana. Todo parece indicar que la traducción al catalán se ha hecho a partir de la castellana y hay muestras bien evidentes que en aquel día no tuvieron los traductores catalanes la ayuda de las musas. Error sobre error, el resultado es un texto que deja al lector confuso y mareado. Al menos así fue en mi caso. Pero la sillas son una maravilla.