Francesc Bujosa ::

 

Tomás Horrach

las cosas tal como son


Oleos y pasteles

Claustro de Sant Antoniet

Mayo-Junio 2003




En algunas ocasiones le resulta, al que juzga, difícil ser imparcial; en otras es imposible. Este es el caso en que yo me encuentro cuando tengo que hablar de la pintura de Tomàs Horrach Bibiloni, en Tomàs de Ses Deu. Y es que Tomas y yo, a más de ser coetaneos —yo soy 43 dias mayor—, somos hermanos de leche. Quiero decir que, de pequeños, bebiamos leche de la misma vaca. Era una de las que ordeñaba su padre y no sé si la misma —creo que no— que algunos dias tuvo que ordeñar el propio Tomás. De jovenzuelos compartimos muchas horas juntos Tomás y yo. Un poco mas tarde nos separamos porque Tomás se convirtió en un maestro del arte de la “pica” y yo, en cambio, nunca me comí una rosca y lo dejé estar. Tomás alguna vez me dijo que esto de la pica era igual que la pintura, se necesitaba una gran cantidad de perseverancia, dedicación, insistencia, paciencia… La separación se hizo más grande cuando Tomás se fue a estudiar Bellas Artes en Barcelona y yo Medicina en Valencia. En aquellos primeros años de Barcelona Tomás participó un poco en el movimiento de la “nova cançó” cantando letras de Ruyard Kipling y en verano, cuando regresaba y ayudaba a las faenas agrícolas de su casa, entonaba con cierta sorna aquella letra de Quico Pi de la Serra que decia “ no m’agrada anar a dormir a l’hora que el ensenyats n’han fet costum, pero mon pare no s’està d’orgues i en fa aixecar a les vuit en punt”. Todo hacia presagiar que Tomas se dedicaría al arte abstracto. Todo menos un cosa : su enorme talento para la pintura realista. Yo no sé que pasó pero Tomás acabó sus estudios sabiendo ya que seria un pintor clásico. Quizá fue porque vio que muchos de sus compañeros de estudios se acogían al abstracto por su poca o nula capacidad para dibujar y pintar tal como son las cosas o quizá fue porque observó que en muchos movimientos de protesta y supuestamente izquierdosos había muchos señoritos que no habían trabajado nunca —yo no: yo trabajé un día entero recogiendo almendras en casa de Tomás— y que querían compartir ideales con los obreros. Tomás abandonó pronto la idea romántica de querer transformar el mundo y se volvió un clásico, una de aquellos que decían que su único propósito era reflejar la realidad tal como es: el más humilde pero a la vez el mas ambicioso de los propósitos que puede tener un historiador, un cientifico, o un artista. El rechazo de la pintura moderna por parte de Tomas tuvo otros dos motivos: el adivinar que de todo aquellos que a él se dedicaban muy pocos se podrían ganar el pan con aquellos experimentos, el otro fue el estudio detenido de la técnico de quienes se convirtieron en sus ídolos: Watteau, Constable, Corot, Zurbarán. El clasicismo de Tomas le hizo renunciar incluso a las aportaciones del impresionismo y de los “fauves” y prefirió los paisajes de días nubosos o de luz muy tamizada. Con trabajo, con paciencia y con inteligencia —porque para ser buen observador hay que ser inteligente— llegó a pintar tan bien como sus ídolos. ¿Lo encuentran ustedes exagerado? Les aseguro que no lo es. Per en todo caso déjenme que les diga que que en cuanto a técnica realista Tomás Horrach es, sin duda, el mejor pintor actual de las Baleares y tan bueno o más que Ribas o Cerda. Si ustedes no lo creen visiten la exposición que hay en el patio de Sant Antoniet y fíjense en el pastel enorme que hay en el fondo. ¿Hay alguien en Mallorca que pueda hacer algo igual?


La actual exposición tiene como objeto lo que mejor conoce Tomàs: los campos de su infancia, las “possesions” y los molinos que con su ruido nos anunciaban la brisa que venia a refrescar los calurosos días de verano. Pero Tomas no pinta recuerdos, ni pinta con nostalgia —si lo hiciera Antoñito López podría retirarse— pinta la transformación y en muchas ocasiones el abandono en el que han caído aquellos campos, que ya no son verdes como en nuestra infancia, sino que apenas tienen algunos hierbajos. Tomàs también pinta con primoroso realismo la causa de esta transformación: los aviones que aterrizan o despegan de Son San Joan. Fíjense que he dicho la causa y no el culpable porque como he dicho antes a una realista auténtico no juzga: se limita —ni más ni menos— a reflejar la realidad, tal cual es. He repetido que uno de los aciertos de Tomás ha sido reflejar, aunque cambiado, el paisaje de si niñez. Por eso yo me atreveria a pedirle que fuera unos años mas allá y en una nueva exposición nos contara con su impecable técnica como es el cuerpo de una mujer. Si no lo hace, no tendré que mas remedio que pensar que cuando culminaba una faena de picador no se fijaba bien en el material que estaba trabajando.

 

Última Hora :: Junio / 2003