Francesc Bujosa :: Pàgina oficial :: Última Hora. 20/12/01

 

Kuochi Umanodan

En compañía de la Luna


“En invierno, las flores del cerezo, en verano el cuco, en otoño la luna, y en invierno la nieve, clara y fría.” He querido empezar mi crónica con estos versos del monje Dogen que nació en el año 1200 de nuestra era y vivio 53 años. Yo los aprendÍ de Yanusari Kawaba que los citó en un bello discurso con motivo de la recepción del premio Nobel. El discurso se titulaba “Japon, la belleza y yo mismo”. Kawabata citaba a continuación de los de Dogen otros versos del poeta Myöe, también monje, que decían: “la luna de invierno viene desde las nubes a hacerme compañía, el viento taladra la piel, la nieve es fría”. Estas poéticas palabras no són lejanas —ni por el tiempo en que fueron escritas, ni por la sensibilidad que demuestran— de las que escribió nuestro Ramon Llull y que puso en boca de Blanquerna, el protagonista de la novela pedagógica que lleva su nombre. Cuando la bella Natana le dice que toda la vida querria pasar-la junto a él. Blanquerna le responde: “No es cosa convenient que vos ni altre sia en ma companyia, cor companyia no vull haver sinó de Déu e d’arbres, herbes, d’aucells, besties salvatges, aigües, fonts, prats e ribatges, sol lluna, estelles, cor neguna d’estes coses no embarguen l’ànima a contemplar son Déu”.


Estos versos japoneses y mallorquines los recordé cuando visité la exposición que en galería Mattias Kuhn muestra Kuochi Umanodan, un pintor japonés que conocí pero con el que no pude cruzar ninguna palabra. No encontramos ningún idioma común.


Si he escrito sobre los recuerdos que tuve ha sido porque dos motivos. El primer porque creo que quien visite la exposición de Umanodan le conviene saber que la naturaleza es un elemento fundamental en el arte japonés y, más que la naturaleza, debería haber dicho la relaciones que el hombre establece con el medio: con la luna, la nieve, los árboles, el idioma de los pájaros. El segundo motivo es porque no es descabellado pensar que los isleños —o mejor quienes vivimos en una islas— sabemos apreciar desde antiguo y como pocos la compañía de los seres no humanos. Dogen, Myöe y Ramón Llull expresaron bellamente esta predilección por los “otros” seres que nos acompañaban en estos cortos años que pasamos en la Tierra. ¿Queda o no justificada mi esperanza de que los mallorquines sabremos apreciar de un modo especial la propuesta que hace Umanodan?


Hay que decir, sin embargo, que Umanodan no es un pintor típicamente oriental. O, mejor, exclusivamente Oriental. Porque Umanodan, a las influencias nacionales —orientales, para nosotros— ha sabido añadir las occidentales: las europas. El mismo ha dicho que decidió ser pintor después de contemplar un cuadro de Rembrant y nadie puede dudar que los grandes del surrealismo —Magritte, Ernst, Dalí— están presentes en el cerebro ágil, tierno e imaginativo de Umanodan.


¿Han contribuido estas influencias europeas a hacer menos japonesa la obra de Umanodan? Bien al contrario. Si algo caracteriza la cultura japonesa actual vive es precisamente la ambigüedad en que vive. Lo recordaba no hace mucho Ketzaburo Oé. Es una cultura que se ve obligada a combinar el vacío, el quietismo, el silencio, casi el nihilismo de la filosofia Zen, con el ritmo trepidante de su economia basada en la alta tecnología occidental. Lo tradicional y lo nuevo conviven, pues, en el Japón de modo fascinante. Umanodan podria ser un buen ejemplo de esta ambigüedad. En sus cuadros podran ver la serenidad que ofrece la lenta contemplación de la naturaleza y los delicados sentimientos hacia sus seres queridos pero también el poder revulsivo de las imágenes creadas por eso que psicólogos europeos descubrieron y que apodaron subconsciente.


Si tienen ocasión viajen para conocer sensibilidad delicada, tierna y a veces revulsiva de las Islas Orientales. Lo tienen cerca: en la calle del Sol. Por unos días, del Sol naciente.